PACMA ha denunciado la muerte de un caballo en el recinto de la Feria de Sevilla durante el fin de semana debido a un desvanecimiento por las altas temperaturas. Además, según la formación animalista varios animales habrían desfallecido durante la celebración del evento tal y como ha ocurrido en años anteriores. La formación política animalista reclama al Ayuntamiento de Sevilla y a la Junta de Andalucía la paralización inmediata del uso de animales.

El retorno de la actividad en la Feria de Sevilla ha sacado a la calle a varios miles de animales (sobre todo, caballos) para ser utilizados como medio de transporte de locales y visitantes. Las calles, rebosantes de luces y escándalo, combinadas con el aumento del volumen de trabajo, podrían estar sometiendo a los animales a altas cotas de estrés.

No es la primera vez que PACMA denuncia hechos similares. El panorama se repitió en el
año 2016, cuando un caballo se desplomó y no era capaz de levantarse
. Dos años antes,
la formación animalista había denunciado la muerte de otro equino de tiro, probablemente
«por falta de agua y exposición a altas temperaturas sin lugar donde guarecerse del sol».

En 2018 también murió otro caballo en condiciones similares, siendo denunciado en este caso por la Policía Local de Sevilla, que explicó que su responsable no lo había alimentado en todo el día y que padecía una dolencia estomacal. En 2019, un caballo convulsionó ante la mirada atónita de cientos de personas, que claman indignadas en el vídeo compartido entonces por el fin de la explotación de estos animales: «que monten en una bicicleta, que para eso están», espeta una viandante.

Ante la muerte de este caballo en la Feria de Sevilla, el Partido Animalista anuncia que valorará emprender medidas legales responsabilizando tanto al Ayuntamiento de Sevilla como a la propia Junta de Andalucía que, aseguran, «lleva años posicionándose del lado de la explotación animal y no ha mostrado intención alguna de buscar alternativas». PACMA apunta irónicamente a que son «demasiados casos aislados» los que tienen lugar durante la celebración de festejos populares que implican la utilización de animales, y atribuye la culpa a la administración local y autonómica por «ignorar» la realidad y no desistir en el uso de animales con fines de ocio.