sara iglesias 12 nov 15

A veces, los seres humanos podemos llegar a ser campeones de la queja. Por ejemplo, cuando el autobús va abarrotado, nos ponemos de mal humor; el dependiente de la tienda nos responde mal y nos indignamos; la compañía telefónica no nos responde a la reclamación y nos enfadamos… “Vaya día de perros”, nos decimos agriamente. Pero ¡Atención! ¡Mucho cuidado!, porque las quejas cotidianas tienen un factor común: tienden a convertirse en hábitos.

 

Todo el mundo piensa en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
-Leon Tolstoy-

Todos los cascarrabias tuvieron un pasado. Casi seguro, de jóvenes eran personas agradables, pero en un momento determinado de sus vidas, empezaron a quejarse. Y permitieron, que poco a poco, el hábito nocivo de la queja se adueñara de su jovialidad.

Existe la quejibilitis avanzada, pero nunca es tarde, y se puede retroceder en el tiempo para conseguir volver a esa etapa de la vida más fresca y más feliz.

El primer paso será, aceptar los problemas de antemano. El segundo, darnos cuenta de que esos inconvenientes no son relevantes para nuestra felicidad. Y, el tercero, que atendamos más a las cosas maravillosas que nos rodean.

Existe una rama de la psicología, que nos aconseja tener confianza en el por qué de las cosas y, sobre todo, mucha capacidad de aceptación. No debe confundirse esto con conformismo o con pasividad ante la consecución de metas. Para ello, encontramos una respuesta muy acertada en un antiguo proverbio budista: “En verano hace calor y en invierno, frío”.
Si analizamos la frase, quiere decirnos que, hay cosas que debemos aceptar porque son mas grandes que nosotros mismos. Hay hechos que son controlables, pero también hay contratiempos que simplemente suceden.
Podemos poner las bases para que las cosas salgan como nosotros queremos, pero también debemos de esperar que aparezcan imprevistos y algunas frustraciones.

Generalmente, si tenemos una actitud agradable con los demás, si trabajamos para que nos respeten, la mayor parte de las veces obtendremos el mismo trato por parte de los demás. Pero no siempre será así. No todos somos iguales, y debemos contar con ello. Por ejemplo, si comenzamos un curso de inglés, seguimos las lecciones y entregamos los deberes en su debido momento, aprenderemos inglés en el tiempo estimado. Aunque no es así para todo el mundo.

Si todo lo que planeamos no sale como queríamos, no hay que terribilizar. Solo hay que continuar con nuestros planes, con la misma motivación, y al final veremos como, lo que tanto deseábamos, llega de manera natural.

Es cierto que es incómodo viajar en autobús cuando va lleno, pero si solo nos centramos en la incomodidad, dejaremos de ver que fuera luce fuerte el sol y que el aire de la mañana es fresco.
Si convertimos la comodidad en una necesidad, vamos a ser infelices, porque la vida está llena de situaciones incómodas. Igualmente, si algún día, alcanzamos la comodidad casi total, nos decepcionará porque, en realidad, no da mucho placer: al contrario nos terminaríamos cansando de ella.

El mérito reside en aprender a no quejarnos tanto de las pequeñas cosas y en disfrutar más de todo lo bueno que nos rodea.

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Sara Iglesias

Nacida en Aracena, Huelva, siempre ha estado muy vinculada a la ciudad de Sevilla y su idiosincrasia particular. Se instala en ella hace nueve años para formarse como educadora en lenguas extranjeras....