Y llegó el momento, tras varios meses de espera, después de que en septiembre aplazara su concierto en Sevilla dentro de su gira mundial, el libanés con nacionalidad y residencia española, Ara Malikian, deleitó en la noche de este sábado a un numerosísimo público sevillano que se agolpaba en una interminable cola que se formó en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla.

Cuando las luces se apagaron y sólo nuestros oídos se mantenían en alerta, la sensibilidad que acompañaba a las manos de este genio hizo sonar los primeros acordes de un violín que parecía tener vida propia.

Intercalando monólogos, con un genuino humor, fue contando al público asistente cómo nació en el Líbano hace 54 años, en el seno de una familia de origen armenio, y fue su padre el que le inició en el violín. Después, a las doce años emigró a Alemania, donde siguió su formación en las más prestigiosas escuelas de ese país, y desde ese momento hasta ahora su vida no ha dejado de girar como una verdadera noria.

Los músicos que le acompañan desde hace 30 años son los mismos músicos que conoció en Cuba cuando, aún menor de edad, emigró a aquel país para actuar en un certamen de música contemporánea.

Los efectos de luz iban acompañando a un Ara Malikian que se desplazaba por el escenario con una gran frescura y agilidad. Vibrando con sus canciones al ritmo de frenéticas composiciones, con saltos y patadas al aire, fue deleitando a su público con temas propios, desde una composición que le escribió a sus dos hermanas mayores, hasta piezas de renombrado éxito. Pudiera decirse que era un violín pegado a un hombre.

Creó la noche y el día, danzando por el escenario con la música, sincronizado con la tierra, moviéndose al mismo tiempo corazón y cuerpo.

El momento cumbre llegó cuando un Ara, entregado en cuerpo y alma, bajó del escenario e interpretó por entre el público su «Nana arrugada», nana que compuso durante el confinamiento y que vio la luz en 2021 en recuerdo de todas aquellas personas que se fueron en soledad, víctimas del covid-19, sin poderse despedir de su familiares. Fue en ese momento en el que el silencio y la emoción se propagaron por la sala y detonaron en un sentimiento de unión entre música y público, que fueron uno.

Y así, tras casi dos horas de concierto, el famoso violinista, Ara Malikian, hizo levantar de sus asientos a las cientos de personas que estaban allí, extasiadas con su música, que se fundieron en un eterno aplauso con la emoción a flor de piel, y las lágrimas que se escaparon de algunos de los asistentes ante tal expresión de sensibilidad. 

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