Se acaba de cumplir un año del nacimiento de un movimiento que, pese a su corta vida, se conoce a nivel mundial. Indignados, 15M o Democracia Real Ya son algunos de sus denominaciones. Un aniversario que se ha celebrado siendo fiel a su estilo: tomando plazas y calles de miles de ciudades en España y en todo el mundo. Ahora comienza el día después, cuando el 15M deja de copar portadas de periódicos y las movilizaciones multitudinarias se reducen a asambleas de decenas de integrantes.

Si algo se saca en claro de este primer cumpleaños es que el movimiento del 15M sigue vivo y activo. Ha perdido frescura y parte del ímpetu inicial que lo hacía tan atractivo, pero sigue reivindicando lo mismo que hace un año: un cambio en el sistema donde los ciudadanos sean los verdaderos protagonistas. En España, lo único que ha variado ha sido el color del gobierno, las políticas siguen aplicándose de forma similar.

Un año después, se observa cómo el movimiento ha madurado. Hay una mejor coordinación y unas formas de trabajo consolidadas que generan propuestas concretas. Una de las principales críticas que se dirigen al 15M es la falta de medidas para hacer cambiar el sistema. Una falacia que es fácilmente demostrable al consultar algunas de las decenas de webs del movimiento repartidas por internet o al acudir a alguna asamblea. Si en algo se ha avanzado durante este año ha sido en adaptar el fenómeno revolucionario a lo cotidiano y afrontar medidas concretas.

A partir de ahora, el 15M afronta su etapa más dura: un trabajo diario y a la sombra de los medios de comunicación. Las manifestaciones, concentraciones, acampadas y caceroladas no son más que la punta del iceberg de un fenómeno que se ramifica a través de asambleas en barrios o distritos de miles de ciudades españolas. Esa es la verdadera virtud del movimiento, después de un año donde todo podía haber quedado en una entelequia histórica, muchos ciudadanos anónimos se organizan para abordar cambios desde lo más cotidiano y hacen partícipes a otros ciudadanos del cambio.

Significativo es otro cambio, el que se ha producido en la consideración institucional del fenómeno. El pasado año, a escasas semanas de las elecciones, todos los líderes políticos hacían un guiño al movimiento aunque ninguno se atrevió a posicionarse ante la incertidumbre del futuro de aquel inesperado fenómeno. Hoy, hay repuesta: la ignorancia. Al no conseguir cambiar el rumbo del sistema, los poderes públicos directamente han obviado este año las manifestaciones y las reclamaciones que se han solicitado a lo largo de todo el país.

El 15M ya se conoce y no es temido. Aunque ese es precisamente el error. Después de un año, muchos piensan que si se no se ha cambiado nada es que no se puede cambiar nada. Los cambios se están produciendo desde lo más cercano y casi en silencio. En cada barrio y en cada esquina diariamente existen grupos de personas que frenan desahucios, negocian embargos y destapan escándalos de abusos o corrupción. A la vez, continúa en la Red el libre intercambio de ideas y la generación simultánea de millones de propuestas para cambiar el sistema. Desde lo cercano y desde lo global, así sigue actuando el movimiento. El cambio se produce a partir del día después del 15M, cuando Sol empieza a vaciarse.

@lexbalbuena

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Alejandro Balbuena

Nació en Sevilla y pronto supo que lo suyo sería la comunicación. Es licenciado en Periodismo en la Universidad de Sevilla y Máster en Marketing Digital por la Universidad de Málaga. Especialista...

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