El Graderío de la Catedral, por Mercedes Serrato

Si alguien no se enteró de que el pasado jueves hubo un concierto de U2 en Sevilla, puede que debiera ir a algún tipo de especialista. Lo que yo no sabía eran las consecuencias que esto iba a traerme a mí personalmente.

Mercedes Serrato. No hablo de lo bueno que pudo ser el espectáculo, del beneficio económico que supuso para la ciudad, o de lo curioso que me parece que el Estadio Olímpico se use para todo menos para eventos deportivos últimamente; no, no, nada de esto. Hablo de consecuencias que padecí en mi piel, para que luego digan que una no se implica en los temas, vamos, esto casi fue periodismo de investigación.

Nueve y pico de la noche, Isla de la Cartuja sitiada. El acceso por el Puente del Alamillo cortado, aún no sé porqué, pues si todo el mundo estaba en el concierto que acababa de empezar, es absurdo, pero en fin. Obligan a todo el mundo a salir por la Barqueta, con el caos  que conlleva. Saliendo al fin del atasco, en la rotonda que creo que lleva el nombre de la insigne duquesa vecina de la calle Dueñas, un coche se despista y le da por detrás a la moto en la que yo voy de paquete, y que conduce un vecino mío que es como de la familia.

Caemos al suelo, personalmente creo que caí bien, tuve suerte y no me hice gran cosa para lo que podía haber sido. La gente que había por allí, un policía que regulaba el tráfico incluido, nos ayudan a levantarnos y reponernos. Me duele la pierna sobre la que me he llevado todo el peso de la moto al caer, y tengo un rasguño en el brazo. Mi vecino tiene muchas heridas superficiales, nada grave pero está magullado y sangra bastante. El agente, lógicamente pide un coche para que venga a realizar el atestado y asistencia sanitaria para que nos atienda. Se queda con la cara de circunstancias cuando le dicen que ambas cosas tardarán como mínimo dos horas, que por el concierto hay muchos dispositivos ocupados y no puede ser. Nos repusimos como pudimos, nos fuimos a casa y acudimos a recibir asistencia médica por nuestra cuenta. Lo dicho, nada muy grave, pero servidora debe guardar reposo unos días por artritis traumática.

Sinceramente, me parece increíble, y a la vez no me extraña, que un evento de este tipo deje la ciudad huérfana de servicios tan básicos ¿Y si el accidente hubiera sido más grave? ¿Qué habría pasado?  Imagino que aquellos guiris que se paseaban por la Cartuja a las seis de la tarde en coche de caballos cubata en mano cantando desafinadamente temas de la banda irlandesa habrían tenido más suerte que yo si hubieran necesitado un médico. Pero a veces el efecto mariposa se alía con las leyes de Murphy y un corte de tráfico por un evento ajeno a mí, provoca que se desencadenen infortunios.

Desde aquí le digo a Bono y sus amigos, que seguro que leen esta columna y esta web, porque la calidad llega a todas partes, que indirectamente los considero culpables de lo que me ocurrió, así que a modo de compensación, el conductor de la moto, servidora y nuestras respectivas familias, aceptaríamos de buen grado unas invitaciones VIP para algún concierto suyo, en cualquier parte de Europa o América, no es ese un inconveniente para nosotros.

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora...

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