A causa de la revolución tecnológica que presenciamos, la cuarta de la Humanidad según mis apuntes de Antropología, nuestras necesidades, soluciones y problemas han cambiado mucho de un tiempo a esta parte, y lo que te rondaré morena.

No quiero ponerme en plan arcaico recordando aquello de que nuestras abuelas guardaban las fotos, que no se contaban por miles, en cajas de lata, y que tras la organización en álbumes de nuestros padres (mi madre podría organizar una fototeca con el material que tiene), nosotros dimos el último salto, haciendo de las fotografías una cosa tan inmediata y pública que a veces siento lástima por no tener un carrete que llevar a una tienda y esperar a ver cómo han salido las fotos. Pero bueno, eso tiene arreglo, al fin y al cabo no me he deshecho de ninguna cámara analógica, por si algún día en un arrebato nostálgico vuelvo a lo romántico de aquellos botecitos de plástico.

Pero lo dicho, nuestros problemas son otros también. Nadie puede negar cuánta ansiedad se llega a sentir si te vas de casa por mucho tiempo olvidándote el móvil. Sinceramente, yo no sé cómo quedaba antes con la gente; o si, eso es lo peor, que sí lo sé, se quedaba en un sitio a una hora, y si no aparecía el citado, pues allí te llevaban los demonios hasta que asomaba con alguna excusa. Hoy en día se da un toque cuando sales, otro cuando estás llegando, o mandas un mensaje de cualquier tipo, esto último algo más conveniente, suaviza las mentiras, porque antes te presentabas con la excusa del atasco y el autobús, pero hoy en día te llaman para ver por dónde andas, y respondes que de camino mientras resuena el eco del alicatado del cuarto de baño de tu casa porque ni has acabado de pintarte.

Hace ya unos años, me hicieron una pequeña entrevista en la radio. La grabé en mp3 y quería subirla a mi  blog, pero como soy un poco analfabeta digital aunque quede fatal decirlo a estas alturas de la película, un amigo generoso la subió a Megaupload de forma que yo sólo tuve que insertar el código en la entrada. Ahora Megaupload se ha ido a… ya saben dónde, y yo sólo he perdido ese archivo, pues lo perdí del ordenador en alguna catástrofe informática, pero lo dicho, sólo perdí eso, tampoco es muy importante. Pero mucha gente ha perdido fotos, archivos y demás cosas que en su día quisieron compartir y que espero que tengan a buen recaudo en algún otro sistema de almacenamiento. Porque sí, además de películas, música y libros de cierta autora indignada que dudo que nadie se descargara, mucha gente tenía allí archivos personales que se han ido… eso, ya saben… Problemas que no tenían nuestros abuelos.

Ahora un amigo informático quiere venderme las bondades de una carpeta de almacenamiento cuya capacidad imagino que reside en un servidor remoto… Dice que me servirá de mucho y mil cosas para convencerme, pero yo, visto lo visto, como buena ‘cateta informática’ no me fío. Los archivos, si se pudieran meter debajo de un colchón, sería lo mejor Después de sobrevivir a algunas de esas catástrofes que antes mencioné, donde pierdes toda la vida que almacenabas en el ordenador, que hoy por hoy no es poca, me acostumbré a la sana imposición del back up mensual en un disco duro externo; el cual podría meter bajo el colchón pero claro, esta fuente de problemas no se acaba, rezaré cada noche porque ese disco  tenga una larga vida y no me deje de la noche a la mañana.

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora...

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