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De principio a fin el equipo de Míchel fue protagonista, con un gran arranque, condenándose después con errores de bulto y levantando el partido en una segunda parte sensacional.

Partido dedicado al Día del Daño Cerebral adquirido, que se celebra el 26 de octubre Cuesta creer que con un partido en el que el Sevilla trazó un fútbol espléndido en su mayor parte, dando un recital de combinación y ataque, se tuviera que sufrir tanto para lograr ganar a un Mallorca que nunca fue rival.

La explicación está, aunque suene extraño, en el propio Sevilla, porque fueron los nervionenses los que dieron vida a su contrario, concediendo dos goles inadmisibles en el primer tiempo, incluso después de llegar a empatar el 0-1.

Sin embargo, la segunda parte de los de Míchel fue fantástica, una soberbia muestra de fútbol distinguido, de juego raudo y a la vez preciso que levantó al estadio y, sobre todo condujo inevitablemente a los hispalenses hacia la victoria.

De nuevo con Negredo en solitario, un trivote y dos extremos, tras el resbalón de Vigo, el Sevilla saltó al campo con certera voluntad de dominio. El balón fue para los locales en todo momento, posicionados con inteligencia, con Maduro sujetando y Rakitic distribuyendo con fluidez el juego, ayudado por Campaña y por el generoso esfuerzo de Negredo, que bajaba con acierto como acostumbra a la divisoria para generar peligro desde la zona ancha.

Precisamente un excelso envío largo del madrileño a Navas acabó en la primera gran oportunidad del encuentro, pero el disparo del palaciego fue demasiado cruzado y salió lamiendo el palo largo de Aouate. El meta israelí, no obstante, no tardó en entrar en acción, sacando un remate a Negredo en el área chica, cuando el delantero lo tenía todo a placer.

El Sevilla era más y así lo demostraba, entrando por ambas bandas con profundidad y peligro, faltándole sólo el gol, que por contra se encontró el Mallorca en el minuto 25 de la forma más inesperada. Falta aparentemente sin peligro, envío largo, la defensa no intuye la entrada de Bigas desde atrás, que se adelanta en carrera a Palop y hace el 0-1.

El Sevilla mascaba el lado amargo del fútbol sin merecerlo, y tal vez por eso lograba el empate de inmediato, gracias al enésimo servicio al espacio de Rakitic, que Manu aprovechó en carrera y cedió atrás para que Negredo, que llegaba con todo, hiciera el empate con un trallazo imposible.

Repuesto del primer golpe, incluso con la justicia poética que pocas veces otorga el fútbol a los que conquistan sin dar muerte, el Sevilla comenzaba otro partido con el viento a favor. Sin embargo, con la misma facilidad que logro las tablas se complicó nuevamente la vida, esta vez por una pérdida de Fazio, que acabó en zancada larga de Hemed y disparo  ajustado al segundo palo de Palop, que nada pudo hacer. La noche se templó en exceso y sólo los fogonazos de Rakitic, seguidos siempre por Negredo y Navas, pusieron algo de luz en el oscuro panorama con el que se llegó al descanso.

Era demasiada arena para un equipo que en los primeros 25 minutos había hecho un juego digno de victoria. El descanso vino bien para serenar los ánimos, sobre todo a tenor de lo que ocurrió en la reanudación. Con el Mallorca decididamente encerrado para conservar la ventaja que más que buscar se había encontrado, el Sevilla monopolizó el juego, dirigido magistralmente por Rakitic y volcando todo el potencial en la derecha, con Navas y Cicinho explotando su prolífica asociación.

Se jugaba con calma, con vocación de equipo y con un ritmo de juego trepidante que el Mallorca sólo pudo aguantar 10 minutos. El enésimo tuya-mía de Navas y Cicinho acabó con servicio del brasileño preciso al primer palo, donde Negredo fue mortal y puso el merecido empate en el luminoso.

Al instante, cambio en el Sevilla, con Perotti en el campo por Campaña, quedándose Manu en la mediapunta. Se trataba de dar un paso más hacia arriba y el movimiento tuvo efecto, pues los de Míchel lucieron con su mejor versión, con permutas continúas de los centrocampistas, con Rakitic dibujando una y otra vez y Navas afilando el cuchillo para dar la estocada definitiva.

Varias jugadas trazadas con mucha paciencia y abundantes combinaciones acabaron con centros de Navas que Negredo no terminaba de rematar a gol, aunque la ocasión más clara la tenía el propio Navas, habilitado por Rakitic en una contra, que con todo a favor no pudo superar a Aouate. El tercero se resistía, aunque se intuía cercano, porque el recital de los locales abrasaba a un Mallorca incapaz de contener el dinamismo de las ofensivas.

El esfuerzo merecía recompensa, que acabó llegando de la forma más inesperada, con un disparo lejano de Cicinho, al bote de un córner de Rakitic. El remate del brasileño se perdió en un mar de piernas bermellonas y acabó superando a Aouate, descolocado. Justicia de ley para un Sevilla que a 15 minutos del final por fin comenzaba a mandar, con todo merecimiento, en el marcador.

El Mallorca intentó reaccionar, con la salida de Alfaro, pero las entradas de Hervás y Kondogbia neutralizaron a los bermellones, que apenas pusieron incertidumbre a un choque que siempre, incluso cuando el propio Sevilla se lo complicó, tuvo color blanquirojo.

Lo mejor, sin duda, fue ver jugar al equipo de Míchel con el marcador en contra, sin desesperarse, combinando en corto, elaborando jugadas desde el criterio de un Rakitic que estuvo sublime y levantando el resultado, siempre a un ritmo de vértigo.

El Sevilla ganó gustando, con las manchas de la primera parte atrás, pero creando un fútbol fluido y estiloso, atractivo y, lo más importante, eficaz, concebido desde un espíritu de equipo que engancha, y mucho.

Crónica facilitada por el Sevilla FC.

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Antonio Campos

Antonio Campos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla, empezó en la comunicación local y actualmente trabaja para Canal Sur TV. Máster en Gestión Estratégica e Innovación en Comunicación, es miembro...