Sus canciones no son misiles que petardean constantemente nuestros tímpanos, sus melodias prefieren acariciarlos con la suavidad y la fuerza de una voz rota, educada en los pupitres de nuestra adoquinada ciudad.
Sus canciones no son misiles que petardean constantemente nuestros tímpanos, sus melodias prefieren acariciarlos con la suavidad y la fuerza de una voz rota, educada en los pupitres de nuestra adoquinada ciudad.