Los bomberos sevillanos a su llegada a Sevilla /@proemaid
Los bomberos sevillanos a su llegada a Sevilla /@proemaid

Por fin están en su ciudad. Los tres bomberos sevillanos juzgados en Lesbos el pasado lunes, Manuel Blanco, Julio Latorre y Quique Rodríguez, han llegado a la estación de Santa Justa pasadas las 17.30 horas y han podido poner fin a una pesadilla de varios años. Ya en suelo sevillano, tras aterrizar al mediodía en Madrid, han recibido el calor de otros compañeros, amigos y familiares, además de una multitud de periodistas.

Los tres bomberos sevillanos fueron absueltos el lunes por la justicia griega de un delito de tráfico de personas. Fueron acusados mientras realizaban labores humanitarias con la ONG Proem-AID en Lesbos y se enfrentaban a penas de diez años de cárcel cada uno. Los tres han manifestado, una vez absueltos, su intención de volver al Mediterráneo a «salvar vidas».

En declaraciones a los medios a su llegada a Sevilla, el portavoz de los bomberos, Manuel Blanco, ha agradecido este «gran recibimiento» y ha aprovechado el momento para recalcar lo «contentos y felices» que se encuentran porque «todo haya terminado bien».

En este sentido, ha asegurado que aunque están «llenos de alegría», no pueden olvidar el motivo por el que fueron a Lesbos. De hecho, ha querido dejar claro que siguen «condenados a salvar vidas» y van a «seguir siendo las manos en el mar de todas aquellas personas» para «evitar que sigan muriendo otras cuando huyen».

Preguntado por si se plantean volver a la isla griega, Blanco ha asegurado que volverán porque consideran que han creado «una herramienta de profesionales» para solucionar los problemas de la inmigración mientras exista.

«Esta sentencia viene bien no sólo para nosotros, porque se estaba juzgando a personas que ayudaban, se estaba penalizando la solidaridad, se estaba intentado criminalizar la ayuda humanitaria y esta sentencia demuestra que salvar vidas no es delito», ha dicho.

Asimismo, ha recordado que «desde el 14 de enero de 2016 hasta el 7 de mayo han pasado más de 800 días» y ha añadido que sobre ellos pesaba una condena por un delito en grado de tentativa de tráfico de personas. «Nada más lejos de la realidad, ya que lo único que hicimos fue ir a un lugar donde personas –hombres, mujeres y niños– morían ahogados al intentar escapar de la guerra y la extrema pobreza», ha rememorado.

Por último, ha tenido palabras de agradecimiento a los familiares que han estado «incondicionalmente» a su lado, al Gobierno de España por el apoyo que ha mostrado a través del cónsul que fue «bastante potente» en el juicio, a la consejera de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar, cuyas declaraciones fueron «clave» durante el proceso judicial, así como a la delegación del Parlamento andaluz, a los representantes del Ayuntamiento de Sevilla y a «todas las personas que de manera anónima» les han mandado «su abrazo» a través de las redes sociales.

Juicio duro

Por su parte, otro de los bomberos, Quique Latorre, ha afirmado que se enfrentaron al juicio «muy tranquilos» porque tenían claro el trabajo que habían realizado, si bien ha dicho que «todo dependía de una decisión» que podía cambiar sus vidas «en un segundo». Además, ha señalado que esperaban una vista «mas light», pero fue un juicio «bastante duro».

No obstante, ha rememorado el momento en el que escucharon la sentencia absolutoria y ha afirmado que fue «muy emotivo». «Esperábamos lo que decía el traductor y al ver su cara de satisfacción, todo el mundo se puso a gritar de alegría y fue muy emotivo, con muchas lágrimas», ha manifestado.

Ahora, ha dicho que toca descansar «un poco», pero ha añadido que tienen la vista puesta en «nuevos proyectos» con el fin de «volver cuanto antes al Mediterráneo para ayudar a esas personas que son las que verdaderamente las necesitan». «Estamos muy contentos, pero también con una sensación agridulce porque al revivir aquello ves que siguen llegando refugiados, personas que se ahogan y el problema no termina», ha concluido.