Es la cuarta entrega “cartelera” -tras la de nuestro primer premio nobel en ciencias, la del médico y bacteriólogo polaco Paul Ehrlich junto a la que está, y la del algo polímata y parisino Marcellin Berthelot– de esa docena que ya le adelanté existe en las tres fachadas de este edificio destinado al servicio de la Salud Pública en Sevilla. Por si no cae en la cuenta, le sitúo. Yendo por la calle Salesianos hacia la calle María Auxiliadora, y en la esquina redondeada del edificio, nos topamos con el segundo en ese sentido direccional de los personajes relacionados con la ciencia, y cuyos apellidos aparecen reflejados en sus fachadas, en esta ocasión el de Robert Koch (1843-1910), médico y microbiólogo alemán.
De quien adelanto una pincelada acerca de su brillante trayectoria profesional ya que: descubrió la bacteria del ántrax o carbunco (1876), la de la tuberculosis (1882) y la del cólera (1883), no en vano se le considera, junto a Louis Pasteur, padre de la bacteriología; sentó las bases de la microbiología médica y fue galardonado con el Premio Nobel. Ah, una doble y curiosa coincidencia, nuestro médico nació el 11 de diciembre de 1843 una semana antes de que el inglés Charles Dickens publicara ‘Un cuento de Navidad’, cuyo entrañable personaje “Tiny Tim” parece ser que padecía la enfermedad de la tuberculosis, la más mortífera del siglo XIX y causada por una bacteria que cuarenta años después descubriría el alemán. Estas cosas pasan.
Primeros años
Desde muy pequeño el joven Robert dio muestras de precocidad intelectual al aprender a leer él solo con cinco años, a base de observar (mirar con atención) los caracteres de los periódicos. Inició sus estudios de medicina en 1862 en la Universidad de Gotinga donde se gradúa con la máxima distinción, summa cum laude, en 1866 y se casa un año después, pasando a trabajar en diferentes hospitales hasta que, al comenzar la guerra franco-prusiana en 1870, se alistó en el ejército alemán donde sirvió como cirujano voluntario hasta 1872. Ya licenciado y con la experiencia acumulada en el campo de batalla, fue nombrado médico de distrito en Wollstein, su mujer le regala un microscopio en uno de sus cumpleaños y monta un laboratorio privado junto a la consulta en su propio piso. Son los escasos recursos con los que arrancan sus fructíferos comienzos como microbiólogo, centrando su atención e interés por las dolencias infecciosas, en particular por las septicemias, las infecciones de heridas, la peste bovina y la enfermedad del sueño.
Aquí inicia las investigaciones sobre las bacterias que años después le harían famoso, no ya por la importancia de sus descubrimientos, que también, sino por las vanguardistas aportaciones que hizo en la técnica de la bacteriología y que marcaron una época convirtiéndole en uno de los padres de esta disciplina.
Koch, cazador de bacterias: Ántrax (1876)
En el siglo XIX la enfermedad del ántrax, carbunco o carbunclo y sus efectos eran conocidos por ser frecuente entre el ganado de las granjas y otros animales salvajes, y se sabía que podía pasar a los seres humanos al contagiarse por contacto con ellos o con productos de origen animal contaminados, ya fuera a través de cortes en la piel, consumo de carne contaminada (o inhalación de esporas). De hecho, para cuando Koch inició sus investigaciones sobre la enfermedad ya varios científicos habían descubierto el que ‘a posteriori’ sería conocido como Bacillus anthracis y del que demostró ser el causante de la enfermedad. Pero no quedó ahí la cosa, de paso confirmó lo que otros trabajos habían mostrado, que la enfermedad se puede transmitir por medio de la sangre de animales que padecen ántrax.
Es más, a pesar de sus escasos recursos, prácticamente no tenía acceso a bibliotecas de cierto nivel académico ni contacto con otros científicos, identificó en estos microorganismos su capacidad para crear endosporas, unas estructuras celulares que les permitían sobrevivir durante largos periodos en el exterior del huésped y cómo éstas, depositadas en el suelo, eran la causa de los inexplicables brotes “espontáneos” de ántrax que se producían. Así que no eran inexplicables, sólo inexplicados hasta ese momento, es lo que tiene la ciencia. Se trataba de la primera demostración científica de que una enfermedad en concreto (el carbunco o ántrax) es causada por un microorganismo específico, (Bacillus anthracis). Koch presentó los resultados de este minucioso trabajo a Ferdinand Cohn, profesor de botánica en la Universidad de Breslau, quien no sólo se lo publicó en 1876 en la revista de la que era editor, sino que le invitó a que hiciera una presentación en el Instituto de Fisiología Vegetal que había creado. Nuestro alemán empieza a hacerse famoso. Aunque continua sus investigaciones en Wollstein durante cuatro años más, período en el que mejora sus métodos de fijación, tinción y fotografía de bacterias, y lleva a cabo un trabajo adicional al estudio de enfermedades causadas por infecciones bacterianas de heridas, publicando sus resultados en 1878. (Continuará)
