Viernes de una tarde de verano. El sol cae fuerte sobre la cuesta de la avenida de Hytasa, un relieve impropio de la ciudad. Los que no empiezan a acomodarse en las terrazas de los bares apuran las últimas horas del día para hacer la compra semanal. En el centenario de la fundación de su barrio, el legado de los telares se antoja un apremiante símbolo para algunos en el debate en torno al modelo productivo,  y remite a una lejana pesadilla para otros, cuando se cumplen 81 años de su puesta en marcha.

El Cerro del Águila parece hacer vida ajeno a la fábrica a la que durante décadas unió su destino. Como un trastero en el que guardar recuerdos tan bonitos como incordiosos. Parecería que pocos recuerdan los años cuando el complejo se contaba entre las factorías textiles más potentes del país. La de Hilaturas y Tejidos Andaluces, Sociedad Anónima (H.Y.T.A.S.A) y el ya centenario Cerro del Águila es una historia de desindustrialización y desigualdad, pero también de innovación, resistencia vecinal e identidad obrera. También de una insólita pujanza industrial en Andalucía. Coincidiendo con la cita en las urnas, vuelve puntual a los debates la cuestión del modelo productivo que la comunidad y su capital merecen. En los márgenes de todo ello, geográficos y mentales, el legado de los telares se antoja un apremiante símbolo para algunos, y remite a una lejana pesadilla para otros.

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Fernando Lucena

Nacido en Sevilla en 1997, estudia periodismo en la Universidad de Sevilla, una profesión que cree aún más necesaria que nunca como fuerza transformadora al servicio de la sociedad. Curioso por naturaleza,...