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Le invito a que haga el siguiente ejercicio de imaginación: trate de visualizar cómo habría sido la estampa típica de la España de principios del siglo XVII.

Para ayudarnos, conviene que primero nos situemos un poco. Felipe III ocupaba el trono del imperio en donde nunca se ponía el sol, don Miguel de Cervantes publicaba su obra más universal en dos volúmenes, la Iglesia y la nobleza gozaban de enormes privilegios y la burguesía trataba de imitar a éstos últimos como buenamente podía. En los estratos más humildes de la sociedad, los campesinos eran los más numerosos, y la crisis económica ayudó a crear al célebre pícaro, tan representado en la literatura de aquellos años. Después de esta vaga descripción, introduzcamos ahora en este contexto la figura del samurái. Quizá esta sugerencia resulte insólita, pero no faltaríamos a la verdad si dijéramos que tal mezcla cultural tuvo lugar en esta época.

En los últimos años se ha hecho cada vez más conocida la relación que existe entre el municipio sevillano de Coria del Río y el lejano país del sol naciente. El origen de esta conexión tiene su consecuencia más evidente en el apellido Japón, muy popular entre los vecinos de esta localidad del Aljarafe. Y todo ello deriva, precisamente, de la visita a España de un verdadero samurái, Hasekura Tsunenaga. En este 2014 se cumplen 400 años de aquel singular episodio de nuestra historia.

Un viaje fruto de los intereses

Pero, ¿quién era exactamente Hasekura Tsunenaga? Veterano de las invasiones a Corea, este samurái servía al señor feudal de la ciudad de Sendai, Date Masamune, uno de los nobles más poderosos de Japón y pariente del emperador. Masamune, por su parte, fue convertido al cristianismo por el fraile franciscano Luis Sotelo, figura clave dentro de esta historia, ya que acompañó a Tsunenaga en su odisea por América y Europa.

Fray Luis Sotelo, sevillano de familia noble, partió como misionero en 1600 para Filipinas y, tres años más tarde, arribó a Japón, en donde desarrolló su labor evangelizadora entre las clases nobles y plebeyas. De entre los miembros de la nobleza, Sotelo trabó una estrecha relación con Date Masamune. Cuando este señor feudal o daimyo abrazó la fe cristiana, publicó un edicto en el que anunciaba que gratificaría a todo aquel que siguiera su ejemplo. El previsible aluvión de potenciales fieles fue tan grande que fray Luis Sotelo se vio incapaz de catequizar a tantas personas. Según aclara Hermenegildo Zamora, director del Archivo de la Provincia Bética de la Orden Franciscana, en su texto Fray Sotelo y su viaje con una embajada japonesa, Masamune preguntó a Sotelo qué se podría hacer para atender a tantos fieles potenciales, a lo que éste sugirió la idea de acudir al jefe supremo de la Iglesia, en Roma, para que enviase más misioneros (y, de paso, concederle al fraile todo un obispado en Sendai).El daimyo autorizó entonces un viaje en el que, junto a fray Luis Sotelo y 150 japoneses, participó el propio representante de Masamune: el samurái Hasekura Rokuemon Tsunenaga.

Anjhara Gómez, doctora en Antropología Social y presidenta de la Asociación para la Difusión y el Estudio de la Cultura Japonesa en Andalucía, explica que, a pesar de que Japón no era una colonia española, la entrada del cristianismo fue relativamente sencilla. “La cuestión del cristianismo en Japón es muy particular, porque [los japoneses] son muy sincréticos para las religiones. Muchos de los cristianos no lo eran a nuestro estilo, sino que mantenían sus rituales budistas o sintoístas [la religión nativa del país] a pesar de haberse convertido. Por eso, la evangelización de Japón fue acogida casi sin problemas”.

Sin embargo, el interés religioso no era la única motivación de esta misión; Date Masamune también buscaba el favor del monarca más poderoso del mundo por aquel entonces, Felipe III, para propiciar el establecimiento de alianzas entre Japón y los territorios españoles así como el inicio de intercambios comerciales. Curiosamente, en 1611, cuatrocientos años del tsunami que desoló el norte de Japón y que provocó la crisis nuclear de Fukushima, otro maremoto de este calibre afectó también a la ciudad de Sendai. Masamune vio también en un posible tratado comercial la posibilidad de reconstruir las zonas destruidas de su feudo.

El samurái que cruzó el mundo

La familia de Hasekura Tsunenaga debía favores a este señor feudal, luego Tsunenaga tuvo que agachar la cabeza y aceptar la misión que Date Masamune le había encomendado. “En realidad, debió de sentarle como un jarro de agua fría. Sin desearlo, tuvo que embarcarse en un viaje a la otra punta del mundo sin conocer a dónde iba ni el idioma”, señala Anjhara Gómez. “Tsunenaga, a pesar de servir a quien servía, no era cristiano, como tampoco lo eran muchos de los que lo acompañaron”.

El galeón con el que atravesaron el Océano Pacífico partió de Sendai en octubre de 1613 y llegó al virreinato de Nueva España (actual México) en enero de 1614. Allí, buena parte de los japoneses que iban con Tsunenaga y fray Luis Sotelo decidieron quedarse en Acapulco. No fue hasta octubre de ese año cuando por fin, habiendo hecho escala en Cuba, llegaron a territorio andaluz bajo el nombre oficial de embajada Keicho. El escritor italiano Scipione Amati, quien acompañó posteriormente a la comitiva en su viaje durante 1615 y 1616, relata en sus crónicas cómo fue recibida la embajada, con toda clase de lujos, en Sanlúcar de Barrameda por los duques de Medina Sidonia. Más adelante, y debido a la dificultad de arribar directamente hasta la propia ciudad de Sevilla por los números meandros del río Guadalquivir, se determinó que la delegación pasase en primer lugar por la localidad de Coria del Río, a pocos kilómetros de la capital hispalense. Nada más pisar tierra, enviaron cartas al rey y a las autoridades locales para avisar de su llegada y, mientras tanto, permanecieron en este municipio.

Días más tarde, y una vez que entraron en la ciudad, se organizó para la particular comitiva un recibimiento de lo más suntuoso; a los japoneses se les había ataviado con opulentos trajes de estilo occidental, pero el exotismo de los viajeros no pasó inadvertido para la población local, que se agolpaba en la calle para verlos pasar en mitad de toda la pompa. Al igual que los turistas japoneses de hoy en día, la embajada visitó la Giralda y el Real Alcázar, en donde fueron recibidos como invitados de lujo. Tras un mes de estancia en Sevilla y otro de viaje rumbo al norte, la embajada Keicho se presentó en Madrid el 20 de diciembre de 1614.

Los objetivos se tuercen

Sin embargo, el recibimiento no fue ni mucho menos tan fastuoso como el que experimentaron en Sevilla. Cabe explicar que, en primer lugar, los jesuitas tenían un gran poder en la corte madrileña, luego no vieron con buenos ojos una misión liderada por un fraile franciscano debido a las malas relaciones que había entre ambas órdenes. Por otro lado, Hasekura Tsunenaga no representaba al shogun (máximo líder político y militar del Japón de entonces) sino a un miembro de la nobleza; la relevancia política de su visita, aun siendo grande, era consecuentemente menor. Pero el motivo más importante era que en Japón había comenzado una fuerte persecución contra los cristianos poco después de que la embajada Keicho iniciase su aventura hacia Occidente. Anjhara Gómez explica que, en la tierra de Tsunenaga, inmersa en guerras feudales, los territorios cristianos habían alcanzado un enorme poder. Por ello, el shogunato decidió cortar de raíz el problema acabando con la fe de Cristo y con quienes la profesaban, más por la amenaza política, económica y militar que suponían que por motivos estrictamente religiosos. Por desgracia, y como era lógico, fray Luis Sotelo y Hasekura Tsunenaga iniciaron su andadura ajenos a la evolución de este conflicto, el cual sí llegó a oídos de la corte española.

Alojados entonces en un convento franciscano, la audiencia real se demoró más de un mes. Así, el 30 de enero 1615, Felipe III recibió por fin a Hasekura Tsunenaga, quien le entregó una carta de Date Masamune en la que el daimyo expresaba sus deseos de iniciar relaciones diplomáticas y comerciales, así como el establecimiento de alianzas entre ambas naciones y la cristianización de Japón. El rey, sabedor de lo que estaba ocurriendo en ese país, respondió que haría lo posible por responder a las peticiones del señor feudal (aunque no se comprometió en ningún momento).

La embajada Keicho permaneció en Madrid hasta agosto de 1615. Seguramente, el momento más significativo de la estadía fue cuando Hasekura Tsunenaga fue bautizado en el Monasterio de las Descalzas Reales. Su nuevo nombre cristiano fue Felipe Francisco, y la transliteración de la época le permitió, más o menos, conservar su apellido: Faxicura.

Cuando la delegación llegó a Roma, el papa Paulo V se limitó a conceder títulos honoríficos de carácter político y social, como nombrar a Tsunenaga ciudadano de Roma o bautizar a algunos nipones de la delegación. En lo que respecta a las pretensiones de fray Luis Sotelo, el papa no le otorgó los títulos que ambicionaba. En aquel tiempo, como se ha mencionado, las relaciones entre jesuitas y franciscanos dejaban mucho que desear, luego si el papa hubiese accedido a las peticiones del fraile, Paulo V se habría mostrado públicamente a favor de la orden religiosa de Sotelo, cosa que no podía permitirse.

El final del viaje

Tampoco tuvieron mucha suerte más adelante. En enero de 1616 volvieron a España, pero Felipe III estaba decidido a no iniciar alianza de ningún tipo con alguien que ni siquiera era jefe de Estado sino solamente un noble, máxime si provenía de un país en el que se perseguía y castigaba el cristianismo. Tras este rechazo, la delegación llegó de nuevo a Sevilla, en donde sólo un puñado de japoneses y varios frailes franciscanos se echaron a la mar. Tsunenaga había tenido un accidente por el camino en el que se había fracturado una pierna, por lo que ni él (junto con su séquito personal) ni fray Luis Sotelo partieron con el resto de la embajada hacia Nueva España. Para recuperarse de sus dolencias, los últimos miembros en territorio andaluz de la misión permanecieron un tiempo en el convento de Nuestra Señora de Loreto, en el municipio aljarafeño de Espartinas.

Viendo que estaban ya al término de una empresa que no había terminado de cuajar, decidieron aprovechar los últimos coletazos de su estancia para enviar cartas al rey y al papa. En ellas, les solicitaban que reconsiderasen su postura, pero no obtuvieron ninguna respuesta positiva. Finalmente, y tras haber estado varios años en continente europeo, la embajada Keicho partió para su viaje de regreso en julio de 1617. Sus expectativas no se habían cumplido.

Fray Luis Sotelo, en su ambición de poder, retornó años después a Japón de incógnito, pero de nada le sirvió. En un tiempo de persecución abierta contra los cristianos, las autoridades recompensaban a todo aquel que delatase a un creyente. El capitán del barco en el que Sotelo viajaba denunció al fraile y, en consecuencia, el franciscano fue ajusticiado en la hoguera. Sobre Hasekura Tsunenaga, en cambio, no se sabe a ciencia cierta si renegó de sus creencias o si las conservó en secreto una vez que volvió a su tierra. Lo que sí se sabe es que murió poco tiempo después de su regreso, en 1622.

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El origen del apellido Japón

Durante el tiempo en que Hasekura Tsunenaga permaneció convaleciente, los japoneses que le acompañaron recordaron la hospitalidad con que los habitantes de Coria del Río los recibieron durante su primera visita en 1614. Hermenegildo Zamora subraya esta coyuntura como el origen del famoso apellido Japón: “Poco a poco se irían acomodando a las circunstancias, hasta convertirse en unos vecinos más de la pequeña villa, sin duda conocidos todos ellos en la misma con el apodo “Japón”. Éstos, con el tiempo, se casarían con mujeres de la misma localidad”. Ya a mediados de aquel lejano siglo XVII, se registró la primera partida de bautismo de una criatura con el apellido Japón en la parroquia de Santa María de la Estrella. En la actualidad, figura en el DNI de más de seiscientos corianos.

Existen algunos detractores que sugieren que tal apellido provenga de comerciantes que trataban con japoneses y que, por este motivo, se les apodara “Japón”. En aquella época era común que un mote derivase en un apellido en toda regla, ya que aún no había leyes estrictas en este sentido. Sin embargo, éstas son las opiniones menos populares. “El comercio con Japón no era tan fructífero como para que hubiera tantos comerciantes con ese apodo y que luego derivase, a día de hoy, en tantas personas con el mismo apellido. Y, además, todas ellas en Coria”, defiende Anjhara Gómez, quien entiende que estos japoneses sólo pudieran dejar su huella a través del apellido. “Eran una minoría. No podían imponer su cultura sin los recursos necesarios y en un país en el que nadie entendía su idioma. Estaban aquí, por decirlo de alguna forma, de prestado, y tuvieron que adaptarse con lo que se encontraron y también con lo que les impusieron”.

Por si los datos documentales no fueran suficientes, el pasado mes de noviembre se inició una investigación científica para determinar la veracidad de esta historia. El ministerio de Ciencia de Japón financió un estudio de ADN para comprobar si los corianos con el apellido Japón comparten material genético con los habitantes del norte del archipiélago japonés, zona de la que provino la embajada Keicho. Para ello, dos científicos de la universidad de Nagoya se desplazaron hasta Coria del Río, en donde extrajeron muestras de sangre a los vecinos para enviarlas posteriormente a Santiago de Compostela. Allí, Ángel Carracedo, director del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago y considerado uno de los mayores expertos mundiales en genética forense, se puso manos a la obra para desentrañar el misterio. Los resultados de las pruebas podrían tardar en llegar de uno a dos años.

La unión de dos pueblos muy distantes

De alguna forma, siempre se supo que había una relación entre Coria del Río y Japón (y el apellido, desde luego, daba también alguna pista), pero generalmente era un conocimiento superficial. Quien verdaderamente comenzó a arrojar luz sobre todos estos hechos fue el desaparecido Virginio Carvajal Japón, investigador de esta localidad y fundador de la Asociación Hispano-Japonesa Hasekura Tsunenaga. Según explica su sobrino y actual presidente de esta asociación, Juan Francisco Japón Carvajal, el descubrimiento de este episodio histórico tuvo su origen en una visita oficial que realizó Manuel del Valle, antiguo alcalde de la ciudad de Sevilla, a Sendai en 1989. Durante su estancia, comentó que tenía amigos en Coria del Río cuyo apellido era Japón; la singularidad de aquel dato, casi anecdótico, saltó a los medios de comunicación.

Virginio Carvajal Japón comenzó a investigar entonces la procedencia de su apellido y el de muchos de sus vecinos. Entre sus hallazgos se encuentra el certificado de bautismo antes mencionado, prueba documental de la longeva historia de este nombre. Y, a pesar de que la misión Keicho no fue ningún secreto en la época (hay registros que dan fe de este hecho, tanto en Japón como en España), lo cierto es que esta historia pasó desapercibida durante mucho tiempo en ambos países.

Desde que el relato de Hasekura Tsunenaga y fray Luis Sotelo se desveló, las relaciones entre Coria del Río y Sendai han ido estrechándose cada vez más, entre visitas mutuas y eventos de toda clase, lo que pone de manifiesto un enriquecimiento recíproco a nivel cultural y personal. Tanto es así que, el verano pasado, Juan Francisco Japón Carvajal entregó una carta al vicealcalde de Sendai en la que solicitaba el hermanamiento de ambas ciudades. Por desgracia, la respuesta no fue positiva, aduciendo a que debían seguir trabajando y profundizando en las relaciones. Japón Carvajal revela además un dato poco conocido a este respecto. “Sevilla cometió la enorme torpeza de decirle que no a Sendai en 1992. En este caso, fue Sendai la que le propuso el hermanamiento a Sevilla. Incomprensiblemente, Sevilla dijo que no. O, mejor dicho, ignoró la propuesta, y esto jugó en nuestra contra. También hay que tener en cuenta que Sendai es una ciudad de un millón de habitantes, mientras que Coria alcanza los treinta mil”. Con todo, Japón Carvajal indica que el proceso de hermanamiento no es un tema “que obsesione” a los corianos, quienes siguen forjando amistades con los habitantes de Sendai. De hecho, hace pocos meses, varios concejales de esta ciudad visitaron durante sus vacaciones a los corianos con el único pretexto de disfrutar de la localidad y de sus vecinos, lejos de cualquier carácter oficial.

La celebración del cuadringentésimo aniversario

Desde junio de 2013 hasta julio del presente año se han ido dando multitud de eventos oficiales (y no oficiales) no sólo en Andalucía, sino en toda España y también en el país asiático, especialmente en Sendai. Quizás, uno de los momentos más importantes de todas estas celebraciones tuvo lugar cuando Naruhito, príncipe heredero del Trono Imperial de Japón, visitó Sevilla y Coria del Río el pasado mes de junio para la inauguración del año dual. En esta localidad contempló la estatua dedicada a Hasekura Tsunenaga y ayudó a plantar un cerezo (sakura, en japonés), un árbol muy importante para el pueblo nipón debido a su potente carga simbólica. El príncipe heredero dedicó todo un párrafo en el diario de la casa imperial para describir su visita a Coria, donde se saltó varias veces el protocolo saludando a los vecinos. Pero, seguramente, lo más inusual fue el hecho de que firmase en el libro de honor del ayuntamiento ya que, por sistema, el príncipe nunca firma ningún tipo de documento. “Cuando viene algún japonés a Coria y se le enseña el libro con la firma de Naruhito, no se lo pueden creer”, subraya Japón Carvajal. En febrero de este año, japoneses procedentes de Sendai y vecinos de Coria del Río imitaron al príncipe heredero de Japón al plantar seis cerezos más (aunque se pretende llegar a los doscientos a lo largo de la ribera del Guadalquivir), una forma especial de crear vínculos entre pueblos tan distintos y a la vez tan unidos, además del evidente atractivo turístico que supone.

Dentro de los eventos programados por el cuadringentésimo aniversario, los más inmediatos en Coria del Río giran en torno a las víctimas del tsunami que tuvo lugar en Japón en 2011, ya que Sendai fue una de las zonas más afectadas. Japón Carvajal resume la reacción de los vecinos del pueblo aquel 11 de marzo de 2011. “A través del equipo de gobierno en Coria se colocaron banderas a media asta. El luto oficial duró varios días, y el alcalde de entonces ofreció los hogares de Coria para los afectados que pudieran venir. Además, guardamos cinco minutos de silencio delante de la estatua de Hasekura, recaudamos dinero mediante subastas e hicimos donaciones a la Cruz Roja”.

En ese sentido, este mes de marzo supone un nuevo homenaje a las víctimas, a través de conexiones en directo mediante pantallas gigantes con Sendai y contando con interpretaciones musicales, una misa en la catedral de Sevilla o la visita del famoso diseñador de moda Kenzo.

El turismo en el municipio

A pesar del protagonismo que ha cobrado Coria del Río gracias a todas las actividades que se han organizado a su alrededor y de las numeras visitas recibidas en los últimos meses, todavía son pocos los turistas japoneses que se acercan al municipio. Anjhara Gómez, quien además dirige el XI Congreso Nacional y II Internacional de la Asociación de Estudios Japoneses en España y que se celebra en Sevilla a finales de marzo (enmarcado en los actos del año dual) apunta la principal causa de este problema. “El turismo japonés se mueve en circuitos cerrados. Se hace por multinacionales, se venden y vienen a contemplar las ciudades más “típicas”: Madrid, Barcelona, Sevilla o Granada. Coria está intentando meterse en el turismo, pero es sobre todo un turismo individual. El de grupo, que es el turismo japonés fuerte, de momento no ha entrado en ese itinerario. Ahora es verdad que en las guías de turismo se cita a Coria del Río, pero es que el turismo individual o por parejas es muy escaso en comparación con el turismo grupal”, explica. “Japón es una sociedad de grupos y prefieren los viajes en grupo. Además de sentirse más seguros, los que más vienen suelen ser jubilados, que sólo hablan japonés”. Además de estas razones, debe tenerse en cuenta que las visitas de este tipo suelen ser más baratas, lo que supone otro gran aliciente para turistas que vienen desde tan lejos.

En ese sentido, Anjhara Gómez asevera que el turismo individual constituye sólo el 20% del turismo total japonés en nuestra tierra. Y, aunque el número de este tipo de visitantes en la localidad ha aumentado mucho en los últimos meses, Gómez considera que todavía son pocos. “Los que se interesan más en venir son sobre todo los que vienen a Sevilla con viajes de larga duración, ya sea para estudiar flamenco o para estudiar español, por ejemplo”, puntualiza. “Tienen más posibilidad de ir a Coria, manejan mejor el idioma y pueden coger un autobús por su cuenta. Ese perfil sí que está visitando Coria. Y mucho, además”.

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