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Palabras desde Londres

Papel de baño y huevos, otra vez

Esta semana el Gobierno de su Graciosa Majestad dictó las nuevas regulaciones para frenar la infección del virus, que ha vuelto a resurgir de tal modo, que las autoridades no han podido seguir ocultando la situación, la cual es aún muy grave.

El batiburrillo de soluciones reconfiguradas constantemente han convertido al Reino Unido en un crisol de medidas que se manejan entre la flexibilidad personal para cumplirlas y el estricto cierre de determinados negocios.

«It’s always darkest before the dawn»

Realmente, la flaqueza viene por el desgaste de las instituciones que ante este tipo de situación debería ser reforzada, y no descuartizada para ceder sus actuaciones a empresas privadas que tienen su prioridad en el negocio, por lo tanto el foco se acentúa en el beneficio y no en la salud de las personas.

Al fin y al cabo, un gobierno de extrema derecha da alas a la extrema actuación neoliberal de su gestión. Esa constante se ha hecho notar en los servicios públicos gestionados, con mayor o menor ahínco, que obedecen a estas directrices.

El cierre de un pub a las 22h en vez de las 23h no es de mucha ayuda para evitar la propagación del virus en esos lugares, muchos están abiertos más de doce horas al día, la afluencia en masa difiere en cuanto al horario y la ubicación del mismo, al igual que el tipo de población que consume en ellos.

No es lo mismo ir solo a desayunar un café americano con huevos, salchichas y chicharos en salsa de tomate, que estar relativamente espaciado en un grupo de conversación con personas con un grado alto de embriaguez y sin mascarillas.

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 «An apple a day keeps the doctor away»

Luego nos encontramos con que el hábito de la mascarilla no se ha extendido y son numerosos los grupos que la omiten constantemente. En el transporte público la potestad de advertir y/o sancionar debe ser llevada a cabo por la Policía Británica de Transporte, pero tanto esta como la Metropolitan Police y los agentes de apoyos, Community Officer,  no están muy interesados en sancionar a los viandantes. Quienes sufran de enfermedades crónicas respiratorias como el asma no tienen la obligación de usarla, pero eso no evita que sean propagadores del virus.

Al preguntar a un par de miembros de policías (no fue un cuestionario), pero me resultó al menos desesperante, ¿por qué no advertían del uso de la mascarilla en las calles?, me respondieron que el papeleo que hay detrás y lo engorroso de una multa, ya que la advertencia eran palabras que se llevaba el viento, les consumiría tanto tiempo en su turno, que difícilmente podrían realizar el resto de tareas. También porque la seguridad privada ya se encargaba de eso en los establecimientos tales como supermercados, centros comerciales…

«Beggars can’t be choosers»

Seguimos como siempre, realmente no se están reforzando  los sectores públicos ni se está facilitando el proceso para forzar el uso de mascarillas tal  y como las nuevas regulaciones indican, al menos, en London, England. El resto de países constituyentes están teniendo otro cauce que no voy a valorar ahora mismo.

El mantenimiento de las distancias prudenciales es otro tema que brilla por su ausencia como un sol andaluz de agosto. Si a ello le sumamos la falta de higiene y la mala condición física de muchas personas volvemos al punto de partida.

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La sensación que tenemos de abandono a nuestra suerte es inmensa, pues si una familia cumple fielmente todas las indicaciones impuestas, te encuentras situaciones esperpénticas que anulan todos tus esfuerzos. Cito un ejemplo en las escuelas, los docentes no pueden ponerle la mascarilla a un alumno que en cuanto suene la campana de salida, se la va a quitar y estará en contacto son su pandilla de amigos.

«Fools rush in where angels fear to tread»

En teoría, al entrar en el Reino Unido, según la procedencia, hay que hacer una cuarentena. Rellenas un formulario online y le muestras un código al agente aduanero.

Nadie controla si la cumples. Entonces, ¿Qué sentido tiene? Evitar que la gente gaste dinero fuera, no hay otro. Y si no trabajas en un sector público te aseguro que la cuarentena se acaba cuando  quieres.

Cada día estoy más convencido de que la mejor prevención contra el Covid-19 y las futuras pandemias es la educación. El civismo que ha caracterizado al Reino Unido y del que tanto se presumía ha desaparecido por completo. England se parece cada día mas a un estado de la Unión Americana que al reino de la leyenda artúrica, por ende, esto solo me confirma que los planes del Gobierno van viento en popa. La pandemia, aunque no querida ni deseada y muy dañina para la población, le ha venido como anillo al dedo para privatizar más rápido el NHS, que ya tiene en algunos distritos hasta un 22% de gestión externa, porque el verdadero petróleo de los estados sociales o con una herencia social enorme es la salud, la educación y las pensiones.

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«The love of money is the root of all evil»

Y para terminar, las prestaciones se han reducido tanto en la cantidad como en el número de personas que las pueden solicitar. Mal tiempo para la clase trabajadora británica que con su alzhéimer ha olvidado quien era, pero que adora el papel higiénico, los huevos y la harina.

¡Seguimos en London!

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Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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