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Pepe era un estudiante tirando a malo. El habría dejado el colegio antes, pero la E.S.O. es lo que tiene, que la “O” es de obligatoria.  Cuando al fin Pepe agotó los recursos del sistema educativo, cuando repitió lo repetible, agotó los programas de garantía social, y se examinó por libre, el muchacho empezó a trabajar en el bar de su tío.

Mercedes Serrato. Al poco, como en el chiste, nuestro amigo Pepe pegó el salto a “Jarbar, jarbañilería”, y se embarcó en el prolífico mundo de la construcción. Madrugaba como un condenado, más que cuando iba al instituto, pero oye, tenía su dinerito, podía invitar a los amigos a cubatas y comprarse su ropita. 

Pronto Pepe se compró un coche, uno negro, con unos altavoces de escándalo, en todos los sentidos. Un día Pepe se encontró a Jaime, el empollón de su clase. Estudiaba arquitectura, iba en autobús, y tenía algún trabajo esporádico que no le daba para grandes caprichos. A Pepe, Jaime le parecía poco menos que un “pringao”.

Seguía Pepe con su palaustre, y seguían saliéndole las cuentas. Pensó entonces en comprarse un piso con Rosi, su novia de toda la vida. Convenció a sus padres de que lo avalaran, aunque total, aún con el coche y las discotecas, Pepe seguía llegando a final de mes sin mucho problema.

Hace un año o así que Pepe no pisa una obra, Rosi que trabajaba en una peluquería ahora peina por las casas. La trampa del piso se les hace cuesta arriba, y Pepe está planteándose seriamente vender el coche.  Cuando ve a Jaime en su moto camino del estudio dónde trabaja, recuerda el cuento de la hormiga y la cigarra, aunque esto no es del todo cierto.

A Jaime lo explotan, y hace juegos malabares para componérselas con su sueldo. Lo que sí es cierto es que durante el verano se vivieron tiempos de bonanza, y ahora, que llegó el duro invierno no nos llega la camisa al cuerpo. Lo que ocurre es que preferimos llamarlo crisis, pensar que es pandemia o problema nacional, porque puede ser más fácil que admitir que nos pasamos, se nos fue la mano, vivimos por encima de lo que podíamos en muchas ocasiones, atraídos por los cantos de sirenas de los bancos, sin reparar en que la gente que ata los bolis con cuerdas no iban a ser compasivos en el futuro.

Quizás se volvió cierto el discurso de que sería nuestra perdición que nos gobernaran tecnócratas, aunque Pepe no los llama así, los llama de una manera que no sería decoroso en esta columna.

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Christopher Rivas

Christopher Rivas

Licenciado en Periodismo y Máster en Sociedad, Administración y Política, puso en marcha el 'Proyecto Deguadaíra', germen de Sevilla Actualidad. Ha pasado por El Correo de Andalucía, Radio Sevilla-Cadena...