El verano está siendo insoportable en cuanto a sucesos. Pierdo la cuenta mental de las víctimas de violencia de género, y en parte la pierdo porque esto se está tomando como una curiosidad intermitente y no como la lacra que es.

Nunca nadie dudó de que el terrorismo era un problema latente en España. En las encuestas figuraba esta cuestión como una de las que más preocupaban a la gente. Era obvio; un grupo determinado intentaba someter a otro mediante el uso de la violencia ¿les suena?

Pero no verán las muertes de mujeres entre las cosas que más preocupan a la ciudadanía. Nadie quiere que mueran mujeres, claro, pero tampoco nadie piensa que haya que hacer algo más para que esto deje de ocurrir.

Aún hay quien no quiere equiparar el maltrato al terrorismo, son demasiadas las personas que no consideran que un maltratador es por definición un mal padre y lo peor es que las personas con toga se incluyen en esta generalidad.

Tampoco la tesitura actual ayuda. Los recortes han mermado las medidas de protección, denunciar no garantiza prácticamente nada y para colmo, no denunciar es una culpa añadida que la mujer debe soportar. Por supuesto, no olvidemos a los que sin dejarte terminar la frase salen con las denuncias falsas, las malas madres que matan niños y las terribles féminas que maltratan a hombres.

Una especie de “grito para que no me griten” que termina con el alegato de que las mujeres están sobreprotegida. Sí, se ve que lo están, el exceso de protección parece resultar letal.

Pero de nada sirve despotricar, patalear o llorar. Sobra gente que no quiere ver nada de lo comentado, hay demasiadas personas empeñadas en mantener el estado de las cosas. Las asociaciones que ponen parches apenas tienen tiempo de sensibilizar a la sociedad, mantener a algunas mujeres con vida resta tiempo y recursos para desmontar el patriarcado, hercúleo trabajo, dado que hay demasiadas cosas que no se quieren ver.

Mientras, seguirá el verano, el calor y el viento para la arcaica y vomitiva excusa de los crímenes pasionales. Las mujeres muriendo a pares; sus hijos, víctimas, a veces mortales, del inevitable hecho de haber tenido padres biológicos que sólo son eso, y otras veces, como irrefutable prueba de valentía, uno de estos individuos va y se nos suicida. Hasta que quieran ver lo que hay, es lo que nos queda.

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora...

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