Sentada en un banco de madera, aguardaba escuchar el tambor de Pepe Hidalgo para ponerme en pie y ver al Nazareno de mi infancia enmarcado en la ojiva menos famosa. De pronto una frase: Otro Domingo de Ramos que se nos va, otra Semana Santa que se acaba.

Siempre que abordo la columna tras finalizar la Semana Santa me desquito en una soflama triste que lastimosamente hila nostalgias y penas varias. Es lo propio, es lo típico. Extrañamente este año, mientras tecleo, no me siento así. He vivido una semana magnífica, llena de cosas que no voy a olvidar, con momentos compartidos que serán irrepetibles, pero no siento pena. En el momento que esta intenta instalarse en mí, me acuerdo de algo que me hace sonreír.

Y eso que incluso podría cabrearme, que el Viernes Santo, cuando me contaron el incidente del Cachorro y las cenizas no lo creí. Me parecía brutal e inverosímil, procuré confirmar o desmentir la historia para incluirla o no en la crónica de la jornada, y al no encontrar nada al respecto, lo dejé correr, perdiendo una «exclusiva» que como poco, era impactante. Pero no importa, aquello pasó, y aquella jornada tuvo sus momentos especiales como los han tenido todas.

Incluso el reflexionar sobre el paso del tiempo no me desgarra el alma. Esta semana he recordado a muchas personas que ya no pueden acompañarme en estos días, pero tal vez, saber que a pesar de todo podemos disfrutar de las cosas, que debemos hacerlo por la memoria de los que ya no están, me consuela.

Incluso los hay que están pero de otra manera, como quien hace años dijo la frase con la que iniciaba el texto. El protagonista de la historia con la que abría este Graderío no pasa por su mejor momento de salud, tras un susto mayúsculo. Pero el Sábado Santo allí estaba; en la esquina de Orfila, rodeado de amigos, contemplando su cofradía Servita, tal vez de una forma inusual, pero de una forma al fin y al cabo. Y esa es la grandeza de todo esto, utilizar la certera frase de Lope de Vega, ajustarse el alma a lo que se desea. Por eso no hay pena que pueda eclipsar la alegría, y eso que el mal gusto y el incivismo acuchillan el tejido de todo esto, pero eso… lo hablaremos otro día.

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora...

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