Foto de recurso de un plato de pestiños
Foto de recurso de un plato de pestiños

Los pestiños son uno de los protagonistas de la gastronomía típica andaluza en Navidad. Con su sabor dulce a miel y anís, son un componente perfecto para postres, meriendas e incluso desayunos, para acompañarlos con café.

Ahora bien, su preparación requiere de mucho cuidado y medidas correctas. Por ello, nunca está de más seguir una receta detallada que ayude a que todos los ingredientes se unan para crear un sabor perfectamente equilibrado.

En primer lugar, es importante contar con los siguientes ingredientes:

  • 500 gramos de harina de trigo
  • Un vaso de aceite de oliva
  • Un vaso de vino blanco
  • Una cucharadita de anís en grano
  • Una pizca de sal
  • Aceite de oliva para freír
  • Miel para bañar los pestiños

Paso a paso: así se hacen los pestiños perfectos para endulzar la Navidad al estilo andaluz

  • En un bol grande, mezclar la harina con el aceite de oliva y el vino blanco. Agregar una pizca de sal y los granos de anís. Amasar la mezcla resultante hasta obtener una masa homogénea.
  • Dividir la masa en pequeñas porciones y estirar cada una con un rodillo hasta que tenga un grosor fino.
  • Cortar la masa estirada en tiras alargadas, formando pequeñas figuras geométricas. Valen cuadrados, rombos o incluso formas más creativas.
  • Calentar abundante aceite de oliva en una sartén a fuego medio. Introducir en el aceite caliente los pestiños hasta que estén dorados por ambos lados.
  • Retirar los pestiños y colocarlos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
  • En otro recipiente, calentar miel a fuego lento. Cuando esté líquida, se debe sumergir cada pestiño en la miel, asegurándose de que estén bien impregnados.
  • Colocar los pestiños en una rejilla para que escurran el exceso de miel y dejar que se enfríen antes de servir.

Esta receta tradicional utiliza miel para bañar los pestiños finalmente, por lo que es recomendada para quienes disfruten de su sabor. Sin embargo, otras personas prefieren recubrirlos en azúcar para paladear los infinitos matices del plato de manera distinta.