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No hay nadie, nadie, de todos los que participan en ella, que la sientan como nosotros. Que la quieran como nosotros. Que la deseen como nosotros. Que la necesiten como nosotros. Porque nos hace muy, muy, muy felices.

Así arengaba Unai Emery a las masas tras ganar la cuarta Liga Europa para el Sevilla Fútbol Club. No dudó. Lo clavó. Es evidente que nadie la mima como nosotros. Con ella nos hicimos un nombre en Europa. Con ella dejamos de sufrir para perder y empezamos a sufrir para ganar. Confiésalo. Tú, que me lees, también la deseas. Llevas pensando en el jueves 5 de mayo de 2016 desde que Kevin Gameiro reventó la portería del Athletic Club en la tanda de penaltis. Porque te va la marcha y sabes que vivimos para este tipo de encuentros. Batallas escritas con tinta blanca y roja. Momentos grabados a fuego en la retina. Miras a tu izquierda. Miras a tu derecha. Allí está. Otro sevillista, como tú, que tiene esa sonrisa que conocen tan bien en Europa. En el bar, en el trabajo, en casa. Te mira, le miras y no hay nada más que decir. Sois hermanos blanquirrojos y estáis preparados para afrontar un nuevo reto.

El Sevilla Fútbol Club disputa un partido de fútbol, pero también se juega ser un equipo legendario. Puede llegar a su tercera final de la Liga Europa consecutiva. Tres. Puede ganar su tercera copa europea consecutiva. Tres. Puede ser el único club del planeta con cinco trofeos de la Liga Europa. Cinco. Puede, sí. Pero también puede que no. Cuidado. Que nadie se confíe. Todos estos puedes serán posibles si nos hacemos fuertes en Nervión y liquidamos al Shakhtar, un equipo que ha ganado todos sus partidos fuera de casa en la competición europea. Nos lo hizo pasar mal en Ucrania y aún buscan la revancha de un gol milagroso. Aquel que les metió un portero sevillista para forzar una prórroga y posteriormente su eliminación. Respeto al rival, siempre. Confianza en los nuestros, también. Si hay comunión entre grada y equipo, nada podrá pararnos.

El niño que lloraba amargas lágrimas con sabor a segunda. El adulto que ha sabido madurar cada instante y digerir cada éxito y cada decepción con orgullo. Los nacidos con estrella que se piensan que su club solo es grande por sus títulos y hasta el abuelo que arrancó la motocicleta para recorrerse Europa y leer el nombre del Sevilla en lo más alto. Todos y cada uno de nosotros hemos mamado el sevillismo desde pequeños. Unos de una forma, otros de otra. Pero todos con una pasión desgarradora. Un espíritu que no entiende de derrotas. Exigentes, comprensivos y cariñosos. Todos con un gen sevillista que nos hace no rendirnos nunca. Grita. Alza la voz en Nervión hasta que pase por Basilea y llegue al tercer anillo. Que se enteren los que ya no están, que realmente nunca se fueron. Que ellos también son partícipes de cada victoria. Toñi, José Luis y todos los que me enseñaron a amar el sevillismo. Lo disfrutaré por vosotros, como siempre he hecho. Siéntete privilegiado por poder ver otra vez a tu Sevilla en el Sánchez-Pizjuán. Otra semifinal europea. Otro partido histórico que no te contarán, lo vivirás.

Mimos, cariños, besos y abrazos. Qué guapa te vimos. Qué guapa te vemos. De ti nos enamoramos hace diez años y no habido un solo día que no pensemos en ti. Estás cómoda en nuestra casa. Te pones coqueta y disfrutas con cada palabra de aliento que te ofrecemos. Es inevitable pensar en ti. Para muchos, solo eres una copa. Para otros, eres la competición de sus vidas. Recuerda una cosa, amiga. Dicen que el primer amor nunca se olvida. También dicen que el Sevilla nunca se rinde. No te preocupes. No nos rendiremos nunca por ti. Ganar, ganar y ganar. No queda otra. Que no te nos lleven de nuestro lado. Nadie te siente como nosotros. Nadie te quiere como nosotros. Nadie te desea como nosotros. Nadie te necesita como nosotros. Porque nos haces muy, muy, muy felices.

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