Antes de partir, antes de reservar el vuelo, antes de siquiera planearlo, yo ya sabía que París no tenía alma. Sólo quería ir allí a comprobarlo por mí misma, a confirmarlo; una forma de meter los dedos en la herida.
Antes de partir, antes de reservar el vuelo, antes de siquiera planearlo, yo ya sabía que París no tenía alma. Sólo quería ir allí a comprobarlo por mí misma, a confirmarlo; una forma de meter los dedos en la herida.