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Imagina por un momento que la Plaza de la Campana conservase aquella joya modernista que una vez coronó una de sus esquinas más emblemáticas. Un edificio con cúpula metálica, barandas ornamentales y un salón de billares que fue testigo de tertulias, paseos y el pulso social de Sevilla. Eso era el Gran Café de París —proyecto de Aníbal González entre 1904 y 1906—, demolido en los años setenta para dar paso a construcciones más utilitarias.
Situado en la esquina de O’Donnell con la Campana, el edificio albergaba viviendas en sus plantas superiores y el famoso café en la planta baja. Durante sus primeros años fue un punto de encuentro de la alta burguesía, artistas, toreros y literatos sevillanos. Se distinguía por su remate cilíndrico con chapitel «parisino», fachadas decoradas con motivos naturales y abundantes elementos modernistas, muchos de los cuales fueron eliminándose con el paso del tiempo.
Durante la Guerra Civil el Café París cambió su nombre a «Café de Roma» como estrategia para evitar connotaciones políticas. Aunque recuperó su nombre en los años cuarenta, su declive ya había comenzado: reformas, pérdidas de ornamentación y un mayor desgaste arquitectónico anunciaban su destino.
Hoy en día, en su lugar se levanta un edificio funcional que nada dice del arte que allí estuvo. Parte del recuerdo de esos detalles desaparecidos vive en fotografías antiguas, donde podemos admirar la cúpula de hierro y las fachadas artesonadas que hoy solo existen en blanco y negro.
Si el Café París siguiera en pie, la Plaza de la Campana mantendría un carácter más señorial, una envoltura arquitectónica cuyos matices contemporáneos confluirían con rincones peatonales, cafés al aire libre y recorridos que invitaran a la contemplación. El contraste entre lo antiguo y lo nuevo podría generar miradas cruzadas de memoria y cotidianeidad.
El derribo del Gran Café París no fue un hecho aislado, sino parte de un fenómeno urbano que reemplazó lo ornamentado por lo utilitario en muchas ciudades de España. El vacío dejado no solo es material, sino simbólico. Pocas construcciones modernistas de Aníbal González sobreviven hoy a su paso por Sevilla; el París era una de las más significativas del centro.
