En el corazón del barrio de Santa Cruz, entre callejones estrechos, patios floridos y fachadas que respiran siglos de historia, se esconde un lugar donde la realidad y la ficción parecen confundirse: el Hotel Las Casas de la Judería. No es un hotel cualquiera. Es, literalmente, un laberinto de 27 casas sevillanas conectadas por más de 40 patios, túneles y pasadizos que invitan a perderse, o a dejar que la imaginación corra tan libre como la luz que se cuela entre las buganvillas.

Pisar su interior es un viaje atrás en el tiempo: fuentes murmurando en rincones secretos, columnas que parecen custodiar historias olvidadas, suelos de mármol gastados por siglos de pasos. Y entre todos esos recuerdos anclados en piedra y madera, hay una anécdota que lo eleva a categoría de leyenda contemporánea.

La suite que conquistó al maestro del terror

En uno de sus rincones más reservados se encuentra la suite «La Cuba», un refugio donde el lujo no es estridente, sino artesanal: paredes revestidas con cordobán (cuero repujado y dorado con pan de oro), mobiliario clásico y una atmósfera íntima que mezcla el aroma de la historia con el misterio de lo inesperado. Fue en esta habitación donde Stephen King, el mismísimo maestro del suspense y el terror, decidió alojarse. No solo eso: fue él quien inauguró la suite.

Imaginar al autor de It o El resplandor recorriendo los pasadizos del hotel es un ejercicio tan delicioso como inevitable. ¿Qué vería King en aquellas estancias silenciosas? ¿Habría algún rincón lo bastante oscuro para inspirar una de sus historias? Tal vez, entre los ecos de las paredes y el crujir de la madera antigua, se coló alguna chispa creativa que todavía ronda por su cuaderno de ideas.

Un escenario que parece de novela

No es difícil entender por qué este lugar fascina. Sus callejuelas interiores podrían ser escenario de una trama de misterio, un idilio romántico o una intriga histórica. En verano, la piscina de la azotea ofrece vistas que parecen una postal de otra época: tejados rojizos, la Giralda recortada en el cielo y un aire de secreto que pocos hoteles pueden ofrecer.

Cada huésped que cruza su puerta deja de ser un simple viajero y se convierte en personaje de una historia que se escribe a sí misma: una que mezcla hospitalidad andaluza, arquitectura centenaria y un toque de magia… o de intriga.