- ‘Regia Sociedad de Medicina y demás cosas de Sevilla’, 1700
- “Veneranda Tertulia Médica Hispalense”, 1693
- Calle Doctor Muñoz Peralta
Es una de las calles kilométricas de la ciudad, poco más de mil metros (1014 m) la recorren desde que empieza en la calle Ronda de Capuchinos hasta que termina en la calle Doctor Leal Castaño; con su actual trazado rectilíneo se encuentra ubicada en el distrito Macarena, CP: 41009, y corresponde a tres barrios distintos, a saber, Cruz Roja-Capuchinos, El Carmen y León XIII-Los Naranjos. Está rotulada desde 1951 con el nombre elegido por el cardenal Gioacchino Pecci (1810-1903) cuando, tras el fallecimiento de Pío IX y en un cónclave que duró tres días, en 1878 fue elegido 256.º papa de la Iglesia católica con el nombre de León XIII. Un papa longevo sin duda con un largo y fructífero pontificado, de algo de más de veinticinco años de duración, que nadie podía prever entonces dada su aparente frágil salud; es lo que popularmente se conoce como tener una “mala salud de hierro, para unos todo un oxímoron, aunque otros no lo tengan por ello.
Un hombre cuyo papado ha pasado a la historia al convertirse en uno de los pontífices más influyentes de la era moderna pues, no en vano, revolucionó el pensamiento social cristiano y su legado continúa vigente en la doctrina social de la Iglesia Católica, estamos hablando de más de un siglo después de su muerte. Un pontificado nada transitorio ni pasajero pues no en vano: transformó profundamente el papel del papado en el mundo moderno, estableció diálogos con gobiernos, defendió a los trabajadores, posicionó a la Iglesia ante los grandes desafíos sociales de la época, y….
De la fumata, 1878
Una innovadora actitud al frente del timón de la Iglesia de la que ya daba una pista la novedosa forma de comunicar el resultado del cónclave papal mediante el uso del humo y que por cierto no es tan antigua como algunos pudieran creer. Si bien hay referencias documentales a la quema de papeletas ya en el Renacimiento para comunicar el resultado del cónclave, no es menos cierto que el humo, aunque visible, no mostraba un color diferenciado, lo que daba lugar a no pocas confusiones entre los creyentes. Vamos que no había manera de distinguir su color. No fue hasta el cónclave de 1878, cuando fue elegido el Papa León XIII, que se empezó a utilizar la fórmula de fumata blanca para indicar la elección de un nuevo papa (Habemus papam) y fumata negra para mostrar que las votaciones del cónclave habían concluido sin consenso. Y no fue hasta casi un siglo después, 1996, cuando este proceso de comunicación, con las lógicas modificaciones científicas y técnicas posteriores, quedó recogido en la norma Universi Dominici Gregis de Juan Pablo II. Un arranque de pontificado pues, el de León XIII, vinculado a la física y la química y al que se asoma otro papa Juan Pablo II que también cuenta con reconocimientos sevillanos y “científicos”. Un fleco que dejo suelto.
Un camino de compromisos
Desde su ordenación sacerdotal en 1837 Pecci se distinguió por su capacidad administrativa y su compromiso con la justicia social como así lo muestran algunas de sus iniciativas más destacadas, vea si no. La creación de un banco para ayudar a los más desfavorecidos, revelando una preocupación por las cuestiones sociales que marcarían su futuro pontificado. O la fundación de la Academia de Santo Tomás de Aquino en 1859, una muestra de su compromiso inquebrantable con la formación religiosa de los fieles y el asentamiento de las bases de lo que sería su posterior impulso al tomismo como filosofía oficial de la Iglesia. Por no hablar de su habilidad diplomática al defender los derechos de la Iglesia y los fieles, manteniendo a la vez relaciones cordiales con las nuevas autoridades cuando, en 1860, el estado pontificio de Perugia fue anexionado a Cerdeña y Pecci se enfrentó a una legislación secularista que restringía la libertad religiosa. Unas iniciativas entre otras que ya mostraban bien a las claras su notable capacidad para analizar y responder a los complejos problemas sociales y políticos de finales del siglo XIX a los que se tuvo que enfrentar ya como Sumo Pontífice.
‘Rerum Novarum’ y ‘Aeterni Patris’
Si hay algo que define el pontificado de León XIII es su prolífica producción magisterial, autor de medio centenar de documentos es conocido como “el primer Papa de las encíclicas” al utilizar este formato de cartas solemnes escritas y dirigidas a obispos y fieles para difundir la enseñanza de la Iglesia sobre los más diversos temas que preocupaban a la sociedad de su tiempo. Y de ellas, sin duda, la más trascendental fue la Rerum Novarum promulgada el 15 de mayo de 1891, un documento que marca el nacimiento oficial de la doctrina social de la Iglesia y que le valió el sobrenombre de “Papa de los obreros”. Estamos en un momento relevante de la humanidad, marcado por la explotación laboral y la miseria de las clases trabajadoras, y cuando el pontífice alza su voz denunciando tanto los abusos del capitalismo desenfrenado como los peligros del socialismo materialista.
