La Puerta de la Carne era una de las antiguas entradas y salidas de las murallas de Sevilla, situada en la actual avenida Menéndez Pelayo, en la confluencia entre las calles Santa María la Blanca y Cano y Cueto. Fue construida durante la ampliación almorávide de la muralla hispalense, y por ella se canalizaban tanto el alcantarillado de desagüe como las cañerías de abastecimiento de agua potable, que se dirigían al Alcázar y a la Fábrica de Tabacos.
A lo largo de su historia, la Puerta de la Carne recibió varios nombres. El original, del siglo XII, fue Bab-Chahwar, y contaba con una estructura simple de carácter defensivo. Posteriormente fue conocida como Puerta de Minora, nombre que usaban los musulmanes, ya que era la única salida exterior de la antigua Judería. Durante la época almohade pasó a llamarse Bab Yahwar o Puerta de las Perlas, y más tarde adoptó el nombre de Puerta de la Judería.
El último nombre, Puerta de la Carne, le fue asignado debido a la existencia de un matadero cercano, construido en tiempos de los Reyes Católicos, que abastecía a la ciudad y dio origen a la denominación con la que ha llegado hasta nuestros días.
El final de la Puerta de la Carne
La modificación de la puerta se produjo en el siglo XVI, tras la instalación extramuros del nuevo matadero, a poca distancia del emplazamiento original. Paralelamente, la ciudad intramuros comenzó a desplazar los usos fabriles hacia zonas periféricas. Ya en el siglo XIX, la aparición de viviendas burguesas estuvo acompañada por procesos de renovación e higienización urbana, que llevaron al embellecimiento de la entonces llamada Ronda Urbana.
Finalmente, la Puerta de la Carne fue demolida en 1864 para permitir el ensanche de la calle Santa María la Blanca. Aun así, su recuerdo sigue muy presente en el imaginario colectivo de los sevillanos, y su nombre continúa vivo como referencia cotidiana para señalar esta histórica zona de la ciudad.
