Un termómetro junto a la Torre Pelli marca 45 grados. - Rocío Ruz - Europa Press

En la memoria climática de Sevilla hay una fecha que sobresale por encima de todas: el 23 de julio de 1995. Ese día, los termómetros de la estación meteorológica del aeropuerto de San Pablo registraron una temperatura máxima oficial de 46,6 grados centígrados, convirtiéndose en la jornada más calurosa de la historia moderna de la ciudad hispalense. Este valor, validado por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), continúa siendo el récord absoluto de calor en la capital andaluza.

Un verano abrasador en el Valle del Guadalquivir

Aquella jornada de julio no fue un hecho aislado. Se enmarcó en una intensa ola de calor que azotó buena parte del sur de la península ibérica, especialmente el valle del Guadalquivir, una de las zonas más calurosas de Europa debido a su orografía, su baja altitud y su carácter continental. Las altas presiones procedentes del norte de África, sumadas a la estabilidad atmosférica, impidieron la formación de nubes y favorecieron la acumulación de aire extremadamente cálido.

Ese 23 de julio, la ciudad amaneció ya con temperaturas superiores a los 30 °C a primeras horas de la mañana. Al mediodía, los efectos del calor se hacían insoportables, con calles desiertas y un aire denso que apenas permitía respirar. Las fuentes, los ventiladores y los aires acondicionados trabajaban al límite, y los medios de comunicación advertían de los peligros de exponerse al sol. Al caer la tarde, el registro oficial dejó constancia del hito: 46,6 grados centígrados.

¿Y los supuestos 51 grados de 1876?

En algunos textos antiguos se cita un dato aún más extremo: el 30 de julio de 1876, Sevilla habría alcanzado los 51 °C. Sin embargo, los expertos climatológicos rechazan este valor como fiable. Las mediciones de la época no se realizaban en condiciones estandarizadas —los termómetros estaban frecuentemente expuestos a la radiación solar directa, sin garitas de protección ni control de variables como la ventilación o la humedad—, lo que distorsionaba enormemente los resultados.

Por eso, aunque anecdótico, el supuesto récord de 1876 no forma parte del registro oficial ni es tenido en cuenta por organismos como la AEMET o la Organización Meteorológica Mundial.

Sevilla y el calor extremo: un vínculo histórico

El calor no es una rareza en Sevilla: es parte de su identidad climática. Los veranos sevillanos son largos, secos y abrasadores, con máximas que frecuentemente superan los 40 grados en julio y agosto. Esta realidad ha dado forma a la arquitectura —con casas de muros gruesos, patios interiores y celosías—, al estilo de vida —con horarios adaptados y costumbre de la siesta—, e incluso a la cultura popular, donde el calor es tan protagonista como la feria o la Semana Santa.

En los últimos años, el cambio climático ha acentuado este fenómeno. Las olas de calor son más frecuentes, más intensas y más largas. El verano se ha alargado hacia junio y septiembre, y las noches tropicales (aquellas en las que no se baja de los 20 grados) se han multiplicado.