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La Feria de Abril de Sevilla se define, entre otras cosas, por las casetas, el rebujito, los dolores en los pies tras una jornada intensa de regocijo, el algodón de azúcar, las sevillanas, el albero que empolva las calles… y también por las numerosas atracciones, conocidas en el argot feriante como cacharritos, cuyos precios se mantendrán esta edición con respecto a los del año pasado, y que se sitúan en la conocida Calle del Infierno, de 1.200.000 metros cuadrados.
En la emblemática Calle del Infierno de la Feria de Abril de Sevilla se concentra una multitud de divertimentos: desde atracciones -56 para los niños y 61 para los adultos- como la noria, los coches locos o el ratón vacilón («ay, que te como») hasta bodegones, espectáculos o tómbolas. No pueden quedar olvidados el circo y puestos muy diversos, como las heladerías, que combaten el calor primaveral, o las buñolerías, para quienes sean de paladar caliente.
Pero, ¿alguna vez te habías preguntado por qué se llama así? Resulta un contrasentido que una calle destinada al entretenimiento, el paraíso de los más pequeños, se denomine del Infierno. Desde luego, más allá del llanto del inocente que se arrepiente de haberse aventurado en las emociones del vértigo una vez ya está arriba, los niños pasean por la calle con una sonrisa de oreja a oreja, y no se cansan de probar nuevos destinos, nueva adrenalina.
Entonces, ¿por qué del infierno? Al mismo tiempo que las atracciones emiten luces de todos los colores habidos y por haber, y los asistentes lo saben, los estridentes sonidos que emanan de las mismas son una constante. Y es aquí donde reside la razón por la que se la conoce por dicho nombre: el bullicio causado. Ello ha provocado que desde 2019, por iniciativa de la Asociación Asperger Tea Sevilla, la fiesta cuente con tramos horarios libres de ruido, para que las personas del espectro autista puedan disfrutar de los cacharritos.
