Entre sus amigos se cuenta también el inmaculista y jesuita padre Juan de Pineda, quien argumentó teológicamente la defensa del Misterio de la Inmaculada Concepción, en contraposición a las tesis tomistas, de Santo Tomás de Aquino, contrarias al inmaculismo y argumentadas por los dominicos. Por cierto, Pineda, además de contar con una calle en el arrabal de Triana está representado también en el monumento a la Inmaculada Concepción, ubicado en la ya citada Plaza del Triunfo, tan, tan cerca de la calle Rodrigo Caro. Aunque esta deriva promete no le canso y dejo aquí el testigo callejero por ahora, pero que no le quede la menor duda de que el utrerano fue muy, muy, querido y valorado por sus coetáneos, entre los que se pueden contar también, no recuerdo si se los he nombrado: Benito Arias Montano, Fernando de Herrera, Quevedo a quien conoce en Sevilla en 1624, acaso también Lope de Vega y, probablemente, Cervantes. O sea que bien, lo mejorcito de cada casa.

‘ANTIGUEDADES Y PRINCIPADO DE LA ILUSTRISSIMA CIUDAD DE SEVILLA Y CHOROGRAPHIA DE SU CONVENTO IURIDICO, O ANTIGUA CHANCILLERIA (1634)

El conjunto de restos y vestigios de todo tipo procedentes de antiguas civilizaciones que el utrerano fue encontrando en sus expediciones y reunió en su casa sevillana, la terminaría convirtiendo en algo así como un museo, junto a sus estudios sobre los mismos, fue recogido documentalmente en su afamada obra ‘Antigüedades y principado…’, un texto estructurado en realidad como dos libros diferentes. Uno donde compendia el estudio histórico y arqueológico de la ciudad de Sevilla y, otro, donde hace lo propio sobre las principales ciudades romanas del territorio del arzobispado hispalense que visita. Eso sí, y en cualquier caso, todo con base a: a) la documentación de textos literarios antiguos, poco abundantes por otro lado; b) el análisis de las monedas e inscripciones, sobre todo las denominadas geográficas y; c) el estudio de los restos arqueológicos. Pero donde el criterio de autoridad de los autores sigue siendo el argumento básico, para Caro una referencia basada en el mero hecho de mostrar resonancias toponímicas más o menos asimilables no era aceptable desde el punto de vista de la ciencia; en sus propias palabras “no concurriendo más que la similitud de los nombres es flaco fundamento”, sí, él tenía claro en qué debía consistir el método científico y la ciencia de la arqueología.

Arqueología desde el prólogo…

Ya desde el comienzo de la doble obra su autor nos explicita de manera precisa y exacta la metodología que utiliza para su elaboración, en la que prevalece la investigación de primera mano, la consulta de fuentes antiguas y la recopilación de material arqueológico, algo bastante parecido a lo que se hace en la actualidad. Lea sus palabras del prólogo y juzgue: “Para escribir este tratado… visité personalmente los lugares de que escrivo, confiriendo en cada uno lo que los antiguos escritores assí Griegos como Latinos nos dexaron escrito, aprovechándome assimismo de Inscripciones antiguas, y medallas, que con estudiosa afición he juntado…”. Purito método científico. Ni que decirle que ‘Antigüedades…’, a pesar de sus limitaciones, defectos y errores se convirtió en la principal obra de referencia de la anticuaria de Andalucía occidental hasta prácticamente el siglo XIX, lo que redundó en la fama de buen erudito de su autor. Entre los yacimientos arqueológicos que visitó y estudió como aficionado (arqueólogo), mientras recorría profesionalmente (abogado de la Iglesia) el territorio del arzobispado se encuentran diferentes localidades de las actuales provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, entre ellas: Lepe, Cartaya, Moguer, Niebla, Osuna, Cañete la Real, Arcos de la Frontera, Lebrija, Las Cabezas de San Juan, Trebujena, Sanlúcar de Barrameda, Chipiona o Rota.

…hasta la cultura popular

Y esa supuesta imagen de Caro recorriendo el territorio y visitando sus yacimientos, algunos estudiosos piensan que ha podido ser el germen del paso de la científica actividad arqueológica a los terrenos de la cultura popular; eso sí, un tránsito adornado con cierta, bastante, mezcla de suspecto peligro físico y ficticia labor detectivesca bastante alejados de la realidad, ya sabe como van estas cosas. Un tiro por elevación intelectual que ha convertido a la arqueología en un recurso ¿humanístico? para escritores de ficción y cineastas; seguro que se le han venido a la cabeza algunas páginas e imágenes, desde la inefable Agatha Christie y su Asesinato en Mesopotamia hasta Steven Spielberg y el intrépido Indiana Jones. Algo alejadas de la realidad por supuesto, pero en esencia captadora de la verdad que encierra esta ciencia, la búsqueda de conocimiento entre el presente y el pasado. Consciente de que tendremos que volver sobre el utrerano, no son pocos los nexos y cabos que han quedado sueltos tanto de naturaleza científica como callejera, le dejo con un par de ellos más. Uno, un hecho consumado ya, desde las postrimerías de la primera década de este siglo XXI en el distrito Norte (41015) de la ciudad existe la calle Arqueología. Otro, un deseado futurible, las ruinas de Itálica están postuladas desde 2018 para ser declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; de ser aprobada pasaría a ser el cuarto monumento existente en Sevilla con esta distinción junto al Alcázar, la Catedral y el Archivo de Indias.