Antonio, principal protagonista de cómo celebran los andaluces el Día de Andalucía fuera de la comunidad - SA

Alrededor de dos millones de personas, cuyo origen está en Andalucía, viven fuera de la comunidad autónoma, según los datos proporcionados por la Junta. La mayoría de estos andaluces se encuentran en grandes ciudades como Madrid y Barcelona, seguidos de Valencia y Murcia. De esta millonaria cifra, es importante destacar a los casi 200.000 andaluces que lo hacen más allá de las fronteras españolas y residen en el extranjero. Muchos de ellos han tenido que migrar de esta tierra en busca de mejores oportunidades laborales y un mejor estilo de vida. Esta decisión no es nada fácil, especialmente cuando se tiene en cuenta lo mucho que aman a su tierra natal. Sin embargo, se ven obligados a replantarse sus vidas profesionales y personales para seguir su camino lejos de Andalucía.

Para todos los andaluces que viven lejos de su tierra, sin importar de qué provincia sean, el Día de Andalucía se convierte en una jornada festiva muy especial. Este día les permite recordar momentos entrañables de su infancia, como aquellos en los que los profesores les enseñaban el famoso desayuno andaluz. Se tratan de instantes que quedan grabados para siempre en su memoria, así como las celebraciones que solían tener en casa, rodeados de sus seres queridos. Por muy lejos que se encuentren, cada uno de ellos no deja atrás sus raíces. El sentimiento de pertenencia perdura en el tiempo y se hace cada vez más fuerte, aún cuando se está fuera, se mantiene intacto, como un lazo irrompible.

De modo que, muchos de ellos, siempre que el trabajo se lo permita, tratan de continuar la hermosa costumbre de desayunar pan con aceite y azúcar, una actividad ineludible que les ayuda a sentirse un poco más cerca de los suyos y a mantener viva la conexión con su tierra. Así, a pesar de la distancia, Andalucía siempre tendrá un espacio en cada uno de sus corazones.

Del Aljarafe sevillano a Dublín

El verano de 2023 fue una época de cambios para Antonio Quijano. Este joven de Mairena del Aljarafe (Sevilla) hizo las maletas para mudarse a la capital irlandesa de Dublín. A más de 2700 kilómetros del municipio aljarafeño comenzó su nueva vida, aunque sin olvidar, como no puede ser de otra forma su tierra andaluza. «Echo de menos, además de a mi familia y a mis amigos, el clima y la gastronomía que tiene Andalucía», añora el chico criado en la localidad mairenera.

Antonio Quijano, en un lago de Dublín – SA

Este sentimiento de extrañeza a sus orígenes se hace mayor cada 28 de febrero, el Día de Andalucía. En este sentido, Antonio nunca pasa por alto celebrarlo como es habitual, con un buen desayuno andaluz: «Claro, el pan con aceite y azúcar no falta este día». No obstante, a pesar de disponer de poco tiempo libre como consecuencia de estar gran parte de la jornada en el trabajo, ya que, recordémoslo, este día sigue siendo laborable fuera de la comunidad autónoma, guardará algún que otro momento para celebrar el día de todos los andaluces: «Al estar a final de mes, tengo mucho curro en mi oficina, por lo que estaré escuchando el himno de Andalucía sin parar».

A Malta con una maleta llena de aceite de oliva

Desde el pasado mes de julio, Pedro de la Paz ha pisado suelo andaluz en tan solo dos ocasiones. Este jiennense, que ha recorrido diversos puntos de la comunidad andaluza, lleva viviendo lejos de su tierra desde el año 2017, cuando se trasladó a Madrid por motivos laborales. En la actualidad, se encuentra junto a su pareja Anabel, también andaluza, en Malta, un enclave en el que vivirá este Día de Andalucía. «Siempre pienso en cómo voy a celebrarlo, casi justo después del día de Navidad», afirma con nostalgia, mientras promete que pondrá «el himno nada más levantarme» para sentirse un poco más cerca de su tierra natal.

Pedro de la Paz, en Malta – SA

Pedro menciona que el desayuno andaluz lo lleva a raja tabla: «Lo hago cada día». «La tostada con aceite no me la quita ni Dios. De hecho he llegado a facturar una maleta solo para traerme aceite de oliva de Jaén, precisamente para que no me falte cada mañana», asegura con orgullo. Además, confiesa que echa de menos a la gente, la comida tradicional de su tierra, la cual siempre es abundante y económica. También añora la comida de su madre y de las madres en general, porque, tal y como afirma él, «cuando vas a una tasca, realmente lo que comes es una comida de madre».

Una videollamada para conectarse con Andalucía

Cinco años y un vuelo de apenas una hora de duración es lo que separa a Mar Montosa de su querida Andalucía. «Nada más abrir la posibilidad de poder viajar entre comunidades, en plena pandemia, me vine a trabajar a Madrid», recuerda con anhelo. En cuanto a cómo piensa celebrar el Día de Andalucía, asegura que no perderá la costumbre de desayunar «un buen pan con aceite». Además, para sentir más cerca a su familia, realizará una «videollamada» con su familia malagueña, a la que tanto echa de menos.

Mar Montosa, en Madrid – SA

«Lo que más echo de menos de mi tierra es el ritmo de vida, aunque yo sea una persona con mucha vitalidad, el conjunto del clima, el mar en mi caso, porque soy de Málaga, la comida, la cultura y el ambiente son cosas que más añoro» se sincera. Para Mar, todo ello hace la combinación perfecta, la cual le permite escapar de los altos niveles de estrés que a veces puede sentir en la gran ciudad. La calidez de su Costa del Sol y la conexión con su gente son elementos indispensables que lleva consigo siempre allá donde va, sin importar la distancia a la que esté.

«Nunca será lo mismo un pescaíto frito en Cádiz o un botellín en el Salvador»

Hace cuatro años, en abril, Francisco Trujillo probó fortuna en Francia, pero no la encontró. Meses más tarde, en julio, la tuvo en Países Bajos, donde este sevillano y bético de corazón se ha instalado e incluso ha formado una familia. Según comenta, aunque se puede comprar y cocinar comida española en Ámsterdam, «nunca será lo mismo que comerte un pescaíto frito en Cádiz o un botellín fresquito en la Plaza del Salvador». Como es costumbre, un punto que todo andaluz que sale en busca de oportunidades destaca son las relaciones interpersonales: «Son mucho más frías aquí y eso es una de las cosas a las que más me costó acostumbrarme».

Fran Trujillo, en Ámsterdam – SA

Para este Día de Andalucía, Fran ha decido pasarlo junto a su pareja y su hijo: «Prepararemos un salmorejo y un picoteo con queso, aceitunas y jamón, y si hace bueno saldremos a pasear bajo el sol». Si bien, en otros años, ha aprovechado para organizar quedadas con otros españoles que también viven en la capital neerlandesa, con quienes compartía comidas típicas andaluzas. «La última vez que nos reunimos nos preparamos unas jarras de rebujito y unas tortillas de patata y nos imaginamos que estábamos en la Feria de Sevilla».

Cambiar la flauta por una batucada en A Coruña

María Jesús, una sevillana que lleva un año y medio lejos de su tierra, se prepara para celebrar e Día de Andalucía de una manera muy especial. En lugar de tocar el himno con la flauta, como solía hacer de pequeña en la escuela, se unirá una batucada por las calles de A Coruña, donde desde entonces reside. «Aquí son los carnavales desde este viernes al día 5 y me pedí libre el día en el trabajo», comenta ilusionada.

María Jesús, en A Coruña – SA

A pesar de la distancia, se esfuerza por mantener vivas sus tradiciones andaluzas. Para María Jesús no hay mejor manera de empezar el día que con un desayuno de su tierra: «No dejaré pasar la oportunidad de tomar una buena tostada con aceite, tomate y jamón».

Cada uno de estos andaluces, sean de donde sean y estén donde quiera que estén, no pierden jamás su seña de identidad ni su sentimiento de pertenencia a una tierra que llevan tatuada en el alma. Luchan cada día para que las costumbres perduren en el tiempo y en el espacio. No importa lo lejos que estén, su esencia y amor por Andalucía, más en días como este, son inquebrantables, llenas de orgullo y pasión.