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El toponimia urbana es testigo de la historia y la transformación de los espacios. En el caso del barrio sevillano de Los Bermejales, el nombre evoca una imagen de la naturaleza que una vez dominó la zona, antes de que la modernidad y la urbanización alterasen su paisaje.
Antes de la construcción del barrio, la zona estaba cubierta por una vegetación autóctona compuesta por matorrales y arbustos. Estos pequeños bosques, de tonalidades rojizas y anaranjadas, eran denominados en castellano «bermejos» o «bermejales», haciendo referencia a ese color característico. La presencia de estas especies no solo definía el paisaje, sino que también ofrecía un entorno natural y agreste, en contraste con el ambiente urbano que vendría posteriormente.
En la década de los 90 se inició el proceso de edificación en esta área, transformándola en un barrio moderno y planificado. A pesar del cambio drástico en su fisonomía, se optó por conservar el nombre original: Los Bermejales. Este gesto fue un homenaje a la memoria natural de la zona, recordando a los nuevos vecinos la historia y la esencia del territorio en sus orígenes.
Aunque la versión más extendida y aceptada atribuye el nombre a la colorida vegetación que caracterizaba la zona, no existe una versión única y oficial. Algunas fuentes destacan que el término «bermejales» se utiliza para describir conjuntos de arbustos o matorrales con tonalidades rojizas, mientras que otras interpretaciones sugieren que pudo haberse elegido por motivos de sonoridad o tradición toponímica en la ciudad. No obstante, la mayoría de los estudios y relatos locales coinciden en que el pasado natural del lugar es el origen primordial del nombre.
