A orillas del Guadalquivir, en el extremo noreste de la provincia de Sevilla, se encuentra Peñaflor, un municipio que suele pasar desapercibido en las guías turísticas, pero que esconde un pasado histórico sólido y documentado. Bajo su actual trama urbana se asientan los restos de Celti, una ciudad romana que llegó a tener un papel relevante en la Bética gracias a su posición estratégica junto al río.

Celti, la ciudad romana sobre la que se levanta Peñaflor

En época romana, Peñaflor fue conocida como Celti, una ciudad integrada en la provincia de la Bética y mencionada en fuentes históricas y estudios arqueológicos. Su desarrollo se produjo especialmente entre los siglos I y II d. C., cuando el Guadalquivir era una de las grandes vías de comunicación y comercio del sur peninsular.

La cercanía al río permitió a Celti mantener relaciones comerciales con otros núcleos importantes como Hispalis (Sevilla) o Corduba (Córdoba). Los restos arqueológicos documentados —estructuras urbanas, materiales constructivos y hallazgos dispersos— confirman la existencia de una ciudad organizada, hoy considerada uno de los enclaves romanos menos conocidos de la provincia sevillana.

El Guadalquivir, motor de crecimiento… y de decadencia

La historia de Peñaflor no puede entenderse sin el Guadalquivir. Durante siglos, el río fue una auténtica autopista fluvial que favoreció el asentamiento humano, el comercio y la actividad económica. Sin embargo, cuando el tráfico fluvial perdió peso y los grandes ejes económicos se desplazaron, la localidad inició un proceso de decadencia progresiva.

A diferencia de otros pueblos que basaron su importancia en la defensa militar o en el poder nobiliario, Peñaflor dependió casi exclusivamente de su función económica y de su relación con el río. Cuando ese papel desapareció, el municipio quedó relegado a un segundo plano, alejándose de los grandes focos de desarrollo.

Peñaflor no conserva castillos ni murallas medievales, y esa ausencia también forma parte de su historia. Nunca fue una plaza fronteriza ni un enclave militar estratégico, por lo que su patrimonio responde más a una evolución tranquila que a episodios bélicos.

Entre los elementos más destacados se encuentra la Iglesia de San Pedro Apóstol, un templo de los siglos XVIII y XIX que refleja la importancia religiosa y social del municipio en época moderna. A ello se suman casas señoriales y restos arquitectónicos que muestran una continuidad histórica sin grandes rupturas.

Un pueblo con historia real, lejos de los focos turísticos

Hoy, Peñaflor representa a muchos pueblos andaluces cuyo pasado fue relevante sin necesidad de grandes gestas ni monumentos espectaculares. Su valor histórico reside en haber sido ciudad romana, enclave fluvial y comunidad integrada en los grandes procesos económicos del valle del Guadalquivir.

Lejos de las rutas turísticas habituales, Peñaflor conserva una identidad marcada por la historia cotidiana: comercio, río, transformación y declive. Un pasado discreto, pero profundamente ligado a la evolución histórica de la provincia de Sevilla.