A pocos kilómetros de Sevilla, ocultos entre la campiña y el silencio de los campos, descansan dos de los monumentos megalíticos más sorprendentes —y a la vez más desconocidos— de la provincia. Son los dólmenes de Cañada Real y El Palomar, dos sepulcros prehistóricos que han permanecido durante décadas prácticamente olvidados, pese a su enorme valor arqueológico y a su antigüedad, que supera los 6000 años.

Hoy, gracias al interés renovado de arqueólogos y administraciones, vuelven poco a poco a situarse en el mapa. Y lo hacen con argumentos de peso: uno de ellos es, nada menos, uno de los dólmenes más antiguos y singulares de toda Andalucía Occidental.

Un monumento del IV milenio a. C. a la vista de todos (pero invisible durante décadas)

El Dolmen de Cañada Real, el más conocido de los dos, se encuentra en el término municipal de Los Molares. Aunque había sido excavado a mediados del siglo XX, cayó en el olvido y la vegetación lo engulló casi por completo. No fue hasta hace pocos años cuando volvió a investigarse de manera sistemática.

Las dataciones y los estudios geofísicos han confirmado que estamos ante un monumento excepcional: su antigüedad se sitúa entre 3810 y 3630 a. C., lo que lo convierte en un testigo privilegiado de las primeras comunidades agrícolas que poblaron la campiña sevillana.

Pero hay más: el dolmen presenta una planta en forma de “L”, una tipología rarísima dentro del megalitismo peninsular. Su corredor acodado lo hace único y plantea interrogantes sobre las prácticas rituales de los grupos humanos que lo construyeron.

El Palomar: el compañero más modesto pero igualmente valioso

A escasa distancia se encuentra el Dolmen de El Palomar, mucho más deteriorado por la acción del tiempo y el abandono. De él se conservan varios ortostatos y parte de la estructura original, suficiente para confirmar que formaba parte de la misma necrópolis que Cañada Real.

Aunque su estado no es tan espectacular, su valor es igualmente significativo: ambas estructuras forman un conjunto funerario que ayuda a entender cómo se organizaban las comunidades prehistóricas que habitaron esta zona hace más de cinco milenios.

Un patrimonio que pide a gritos ser descubierto

En los últimos años, el Ayuntamiento de Los Molares ha iniciado proyectos de puesta en valor, limpieza y estudio, tanto para avanzar en la investigación como para permitir su futura visita pública. Y es que, pese al enorme interés arqueológico del enclave, sigue siendo un lugar bastante desconocido incluso para los propios sevillanos.

Quizá su localización —en plena campiña y sin todavía un acceso formalizado— haya contribuido a mantenerlos en la sombra. Pero precisamente por eso, los dólmenes conservan una atmósfera especial: la sensación de estar ante un lugar remoto, antiguo y en cierto modo “secreto”.

¿Por qué son importantes estos dólmenes?

Porque ayudan a responder preguntas fundamentales sobre nuestro pasado:

  • ¿Cómo vivían los primeros agricultores de la provincia?
  • ¿Qué rituales funerarios practicaban?
  • ¿Cómo organizaban el territorio y sus espacios sagrados?

Los restos arquitectónicos, los fragmentos de cerámica, la industria lítica y los estudios del terreno han permitido reconstruir parte de ese mundo desaparecido.

Además, su singularidad tipológica los convierte en un punto clave para entender el megalitismo andaluz dentro del contexto europeo.

Un rincón para los amantes de la historia… y los secretos de Sevilla

Los dólmenes de Cañada Real y El Palomar son uno de esos lugares capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la provincia de Sevilla. Un enclave que combina misterio, historia y paisaje, y que invita a reflexionar sobre la profundidad del tiempo y sobre las vidas de quienes, hace miles de años, construyeron estas tumbas monumentales con medios tan precarios como su determinación y su visión simbólica del mundo.

A medida que avancen los trabajos de investigación y adecuación, todo apunta a que este conjunto ganará protagonismo en el mapa arqueológico de la provincia. Mientras tanto, sigue siendo un pequeño tesoro escondido, perfecto para quienes buscan descubrir los secretos menos conocidos de Sevilla.