En mitad de una loma, solitaria y rodeada de campos de cultivo, se alza una estructura que a simple vista parece una torre defensiva medieval, de esas que servían de atalaya para vigilar el horizonte. Sin embargo, la llamada Torre del Cincho, también conocida como Torre de los Alaranes, guarda un secreto que rompe esa primera impresión: en realidad no fue una fortificación, sino un monumento funerario romano.

Levantada hace casi dos milenios, la construcción formaba parte del paisaje de Basilippo, una ciudad ibero-romana situada en el término municipal de Carmona, aunque muy próxima a Arahal. Su aspecto original era aún más imponente: un edificio escalonado de varios cuerpos que, según los expertos, pudo rematarse en forma piramidal. Hoy solo quedan en pie los volúmenes inferiores, de tapial y guijarros, erosionados por el tiempo.

Lo más llamativo de este mausoleo es el simbolismo que encierra. Su base maciza, el bustum, albergaba restos incinerados, mientras que en los niveles superiores se representaban objetos y símbolos vinculados a la memoria de los difuntos. Lejos de ser una simple tumba, la torre se convirtió en un hito visible desde la distancia, un recordatorio perpetuo de la familia a la que pertenecía y de la romanización que impregnó la campiña sevillana.

Pese a su importancia histórica, la Torre del Cincho permanece en un estado de abandono preocupante y figura en la Lista Roja de Hispania Nostra, que recoge bienes patrimoniales en riesgo de desaparición. Ubicada en una finca privada, su acceso es complicado, lo que añade un halo de misterio a esta reliquia olvidada. Quien la contempla desde lejos tiene la sensación de estar ante una pieza arqueológica fuera de lugar, como un fragmento de Roma resistiendo a duras penas entre trigales y olivares andaluces.

La paradoja es que lo que muchos confunden con una torre vigía en realidad es un recuerdo pétreo de la muerte. Un monumento que, aunque erosionado, sigue contando en silencio la historia de un territorio donde lo cotidiano y lo eterno se cruzan. La Torre del Cincho es, en definitiva, un enigma en ruinas que conecta la Andalucía actual con la memoria de sus antepasados romanos.