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La provincia de Sevilla atesora una rica tradición vinícola que se remonta a tiempos romanos, con una cultura del vino que ha sabido resistir el paso de los siglos y enriquecerse con el legado de las distintas civilizaciones que habitaron este territorio fértil. Sus vinos blancos, mostos, aguardientes y licores no solo son emblemas gastronómicos, sino que configuran una valiosa oferta turística que combina el encanto del paisaje, la historia y los sabores únicos de cada comarca.
Aljarafe: vinos, historia y tradición

Situada al oeste de la capital, esta comarca concentra buena parte de la producción vinícola sevillana. En municipios como Espartinas, Villanueva del Ariscal y Umbrete, las bodegas abren sus puertas al visitante con propuestas que van desde la venta directa de mostos hasta visitas guiadas con cata y experiencias patrimoniales.
Bodegas como Loreto o Patacabra, en Espartinas; Vinícola del Aljarafe y Bodegas Góngora, en Villanueva; o Francisco Salado, en Umbrete, permiten sumergirse en la historia del vino local, conocer sistemas tradicionales como el de criaderas y soleras, y disfrutar de eventos como la Feria del Mosto y la Aceituna Fina. El Centro de Interpretación del Mosto en Umbrete refuerza este legado como espacio museístico.
Guadalquivir-Doñana: vinos jóvenes y tradición agrícola

Los municipios de Los Palacios y Villafranca, Lebrija y Utrera conforman el corazón vitivinícola de esta comarca. Aquí se elaboran vinos blancos jóvenes y dulces premiados, en una zona donde conviven el vino, el arroz y la cría de caballos.
Bodegas como Las Nieves o González Palacios apuestan por la innovación sin perder el arraigo, mientras que lugares como las Bodegas Halcón, en Lebrija, o la Destilería La Flor de Utrera, permiten degustar vinos y anisados en entornos cargados de historia y tradición.
Sierra Morena Sevillana: vinos de altura con alma literaria

La sierra sevillana combina la belleza de un parque natural con una tradición vinícola que llegó a estar presente en el comercio con las Indias y en la literatura del Siglo de Oro. Hoy, municipios como Cazalla de la Sierra y Constantina reviven ese esplendor a través de proyectos enológicos de calidad con Indicación Geográfica Protegida.
En Cazalla, destacan bodegas como Colonias del Galeón y Tierra Savia, que ofrecen experiencias de inmersión total en viñedos de variedades nobles. A ello se suman las históricas Destilerías El Clavel y Miura, con procesos tradicionales y productos emblemáticos como el anís o la crema de guindas. El Centro del Aguardiente y eventos como el Festival Flamenco y Aguardiente ponen en valor este legado desde la cultura.
En Constantina, las bodegas Fuente Reina y La Margarita conservan la esencia del mosto local y producen vinos de calidad. Destilerías como La Violetera y las Destilerías de Constantina combinan tradición, historia y saber hacer. El municipio celebra eventos como la Feria del Vino Ciudad de Constantina o la Feria del Mosto y Productos Ibéricos, que ensalzan sus raíces enogastronómicas.
Campiña Sevillana: tierra de vinos, anises y saber antiguo

En la campiña, el vino y el anís se han convertido en señas de identidad. En Alcalá de Guadaíra, las Bodegas Puerta Marisma permiten conocer de primera mano el proceso de elaboración de sus vinos con una cata directa desde los depósitos.
Carmona, por su parte, alberga la destilería más antigua de Andalucía: Anís Los Hermanos – Puerto de Indias, que ofrece desde visitas guiadas a sus instalaciones hasta experiencias participativas en la elaboración de anís. También en esta comarca, Fuentes de Andalucía y su Destilería Rigo mantienen viva la tradición licorera con productos elaborados de forma artesanal.
Por último, Estepa, además de su fama por los mantecados, ofrece una propuesta enológica de calidad con las Bodegas Blanco, donde se combinan historia y degustación en un entorno privilegiado.
