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En pleno corazón de la Campiña sevillana, a poco más de 70 kilómetros de la capital, se encuentra La Luisiana, un municipio joven en comparación con otros pueblos de la provincia, pero con una historia singular que lo convierte en un destino diferente. Fundado en 1768 por orden del rey Carlos III dentro del ambicioso plan de colonización de Sierra Morena y Andalucía, este pueblo nació con un propósito: repoblar zonas baldías y combatir el bandolerismo en el camino entre Cádiz y Madrid. La peculiaridad es que sus primeros habitantes fueron colonos centroeuropeos, en su mayoría franceses y alemanes, cuyas huellas aún perduran en apellidos, costumbres y en la propia identidad local.
Aunque la fundación moderna de La Luisiana se remonta al siglo XVIII, su historia se enraíza mucho más atrás. En sus tierras se han encontrado restos del Bronce Final, del periodo tartésico y de presencia íbera. Sin embargo, es durante la época romana cuando la zona cobra un especial protagonismo. Prueba de ello son sus baños romanos y la Fuente de los Borricos, un yacimiento a solo unos minutos del centro del pueblo, conocido por las propiedades terapéuticas de sus aguas. El conjunto arqueológico, compuesto por lavadero, piscina y vestuarios, constituye uno de los principales atractivos de la localidad.
El trazado de La Luisiana conserva también edificaciones propias de la época de su fundación. La Casa de Postas, atribuida a los maestros alarifes Ruiz Florindo, o la Parroquia de la Purísima Concepción, de estilo barroco y con elementos cultos y populares, son testigos del impulso constructivo del reinado de Carlos III. Este templo conserva un retablo proveniente del colegio jesuita San Fulgencio de Écija y en su decoración interior destacan las yeserías que ornamentan las naves y la capilla bautismal. En la plaza Pablo de Olavide, figura clave en la colonización, se concentran muchas de estas construcciones fundacionales.
Para completar la visita, merece la pena acercarse a El Campillo, una pedanía situada a solo cuatro kilómetros. Allí se pueden contemplar antiguas casas coloniales y la Iglesia de la Virgen de los Dolores. Además, el entorno natural de La Luisiana invita a disfrutar del aire libre en espacios como el Merendero Arroyo Fuentes Madre, ideal para pasar un día de campo. La experiencia se puede redondear con una parada gastronómica: los picos y rosquillas de pan locales son conocidos en toda España.
La Luisiana no cuenta con estación de tren, pero se puede llegar fácilmente por la autovía A-4, tomando la salida 471, o en autobús desde Sevilla capital. Una vez allí, lo mejor es recorrerla a pie o en bicicleta, dejándose llevar por el ritmo tranquilo de sus calles. Entre herencias romanas, arquitectura barroca y sabores centroeuropeos, este rincón poco conocido de la provincia sevillana ofrece una historia fascinante y una riqueza cultural que bien merecen una visita.
