La influencia de las palabras anglosajonas es innegable, lo apreciamos cada instante en cualquier ámbito de nuestras vidas. Oímos nuevos términos encajados en nuestro léxico y resultan tan antiestéticos como un cuarto de baño alicatado hasta arriba, pero cuando estaba de moda en su época, todos lo preferíamos. Igual nos pasa con el inglés.

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La Pérfida Albión marcha cuesta abajo y sin frenos, pero cuando uno está bajo la tutela militar del Gran Jefe Americano, su influencia sigue siendo notable y lo será a pesar de los nuevos equilibrios internacionales que nazcan mañana de la futurible paz de Oriente Próximo y Ucrania.

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No obstante, para las cincuenta mil almas que vivimos y trabajamos utilizando la lengua inglesa en Reino Unido la escucha constante de palabras anglosajonas fuera de contexto, como suele ocurrir con frecuencia, tanto en la calle donde esté mal uso pasa más desapercibido, como en las redes sociales y los medios de comunicación cuyos discursos y mensajes están elaborados en teoría por profesionales, nos resultan chocantes y chirriantes, no lo voy a negar. Tampoco creo que muchos vayan dando cátedra, porque entonces te conviertes en un repelente en tres dimensiones.

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Sin embargo, cuando la persona que ha trabajado fuera regresa a su entorno y usa palabras locales o populares de la infancia, recibe una mirada que delata que esas palabras se han quedado obsoletas y desfasadas, han caído en desuso. Por otra parte la influencia de términos del español en El Gran Jefe Americano hace mella, con menos intensidad, en ciertos ámbitos como la música, la gastronomía y el deporte, por citar algunos ámbitos considerados cultos o respetados.

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La obviedad es clara. La falta de autoestima y valoración de lo nuestro con respecto a lo dominante. Da igual que alguien sea de Malta, República de Irlanda, Canadá, EEUU, RU…No suelen tener la intención de aprender la lengua local u oficial (no es lo mismo), porque la “suya” es la principal. Lo mismo ocurre con el español/castellano con respecto al árabe del norte de África.

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¿Somos clasistas lingüísticos?

Somos unos clasistas en todos los aspectos y en las lenguas del mismo modo.

Hemos asumido el aprendizaje del inglés como algo vital, al igual que antes era el francés.

Hemos aprendido a desprestigiar el árabe con tanta vehemencia como si no fuera parte de nuestro propio legado, al igual que el latín. Gastamos sumas enormes, a largo plazo, en que nuestro descendiente aprenda inglés, verbalizamos vocabulario como loros, y somos incapaces de tolerar a un llanito hablando inglés o andaluz.

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¿Tanto nos infravaloramos para tener que atacar a quien consideramos inferior?

Debemos cambiar por dos motivos: rectificar es de sabio, el primero. Y segundo, si un tonto agarra un camino y si camino acaba el tonto continúa.

¿Qué tanto influye la lengua en nuestro día a día para considerar este hecho?

Si has leído a George Orwell la respuesta ya la sabes. En caso que no lo hayas hecho, vete a la biblioteca municipal y te pillas el libro: 1984.

La lengua, natural y escrita, las palabras con su significado aquí o allí son un indicador de cómo actuamos y qué valoramos según el orden.

Shock

Un efecto positivo, para ellos, para las Home Nations británica que no fuera la inglesa ha sido que la emigración de otros puntos geográficos ha acaparado todos los ataques e insultos.

Antes, era relativamente fácil escuchar que nadie entiende a los escoceses, galeses (entre ellos del norte o sur), irlandeses de donde fueran u Overseas como los llanitos, Malvinas, Islas del Canal y cada roca marina que ostenta una Union Jack.

Ahora, dichos “piropos” van para asiáticos de la India, Pakistán, Bangladesh, Sri Lanka, Hong Kong, Mediterráneos (Andalucía, Portugal, España, Italia, Turquía, Grecia, Chipre, y Europa del Este (Todo hacia la derecha de Alemania y debajo de Austria).

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Con sinceridad y después de vivir en diferentes estados donde cada lengua coexiste con una jerarquía definida y más marcada por lo político y el nacionalismo chovinista del s.XIX que la lingüística científica, admito que la ampliación del conocimiento del vocabulario propio de una misma lengua es más atractivo y enriquecedor que la asimilación de ciertas palabras por subordinación cultural. Da igual qué lengua hables, usa su vocabulario. Lo mismo con la lengua estandarizada que escribes. Y si escribes cuatro lenguas, pues más vocabulario debes aprender que te va a enriquecer en muchos aspectos y desarrollar tu agilidad mental. Un tema nada desdeñable con las enfermedades mentales que nos esperan a finales de siglo.

El ser humano usa las palabras para entender la realidad que nunca será única, pero si juntamos todas nuestras realidades en cada lengua, seguro que las veremos más maravillosas de lo que son.

Amôh, Amor, Love, Amare, Liebe, Grá, Cariad, Kamipen, Ást…