El otro día, en un reportaje de la tele, la gente de Sanlúcar de Barrameda, defendían que su pueblo fue el pionero en eso del veraneo. Los duques de Montpensier lo pusieron de moda al construir el Palacio de Orleans y Borbón entre los años 1852 y 1876, patrimonio histórico y sede del Ayuntamiento de la ciudad desde 1979.
Sin embargo los de Santander dicen que fueron ellos los que inventaron los baños de ola, creados con fines terapéuticos para la aristocracia y la burguesía, en 1847.
En ambos casos, los primeros en veranear fueron los ricos. Desde su popularización, allá por los años 70, los españolitos que podían se cogían el seiscientos y subían a toda la familia y allá que se iban de veraneo. Los que podían menos, se cogían el autobús de Los amarillos y echaban el día en la playa.
Yo vi por primera vez el mar con 20 años. Fuimos a la playa de Valdelagrana acompañando a mi hermana y una amiga en un 850.
Otro año fuimos en el autobús a Chipiona y alquilamos una habitación, sin baño, en una casa de vecinos que un corredor te ofrecía en la misma parada de autobús. Más adelante, cuando ya trabajaba me podía permitir un finde o echar una semanita más tarde en alguna playa. Pero lo propio era ir a echar el día a la playa, cargados con la sombrilla, la nevera y las sillas y volver como un salmonete.
Hace pocos años se han vuelto a poner de moda lo de echar un día en la playa. Hay muchas excursiones en autobuses que se dedican a llevar a los bañistas a las playas de Cádiz y de Huelva. Son las asociaciones de vecinos o el propio Ayuntamiento quienes ofrecen este servicio por un módico precio a las familias que no pueden permitírselo.
También han vuelto las comidas familiares-esos filetes empanados y esa tortilla, el tinto de verano o la cervecita que te ofrecen los vendedores ambulantes. Hay que ahorrar en gastos, que no está la cosa para despilfarros.
Dicen que este verano ha sido el más caro.¡Ya lo creo! Los precios que ya estaban por las nubes desde hace una década, ahora se han disparado hasta un nivel estratosférico. No solo han aumentado los precios de las tapas-4 o 5 euros-o las medias raciones-9 euros- sino que donde antes te ponían seis sardinas te ponen ahora cinco y te van sisando un poco en cada plato. ¡Maldita deflacción!
Si has elegido agosto para pasar unos días de relax, como se dice ahora, te habrás dado cuenta que mejor hubiera sido quedarte debajo del aire acondicionado en tu casa. Has tenido que levantarte tempranito para coger un sitio en primera línea, aunque siempre hay alguien que llega antes que tú. Luego, cuando suba la marea, a correr para atrás, que nos quedamos sin playa. Has pasado calor, has compartido sombra con los vecinos, que no han dudado en ponerse lo más cerquita posible tuya. Has aguantado sus llamadas o videoconferencias por el móvil, sus charlas a toda voz o sus problemas financieros como aquellos extremeños preocupados por el precio de las aceitunas de la próxima campaña. Parecía un paso de Lope de Rueda.
Y qué me dices de las colas: para el desayuno, para el almuerzo.
-¿Tiene usted reserva?-te pregunta un camarero delante de diez mesas desocupadas. Ante esta situación, muchos se han tirado para las hamburguesería, la piza o el medio pollo.
-¡Todo lleno. Ni que estuviéramos en Marbella!, se queja una señora.
Pues sí, esto está colmao…sólo unos pocos, como antaño, se han permitido viajar al norte, buscando el fresquito, aunque hayan encontrado más calor que en el sur o tirar para el extranjero y poder mostrar un selfie vertiginoso en un lugar paradisíaco e imposible para el resto de los veraneantes. Son las llamadas cool vacations, que prometen una huida de la bulla y del gentío. Pues seguro que en ese sitio te encuentras con uno de Alcalá.
Mientras tanto, los locales echando peste de los turistas que dicen que por su culpa la ciudad está más sucia y todo les cuesta más caro.
Otra alternativa es el turismo rural o el turismo activo.
Total que de cualquier maneras, acabarás tus vacaciones desando volver a casa y echar un cafelito-ese cuartito de hora-con los compañeros de trabajo y presumir, cómo no de lo bien que te lo has pasado en tu veraneo.
