El día 16 de noviembre de 1975 había cumplido yo 19 años. No era mayor de edad, porque entonces la mayoría de edad no se alcanzaba hasta los 21. Por eso, en las primeras elecciones democráticas de 1977 no pude votar. Me faltaban algunos meses.

El día 20 de noviembre vi a Franco en los televisores de Radio Luz, en la Plazuela. Me impresionó mucho ver el ataúd y la gente que pasaba delante de él. También me impresionó ver el diario ABC con la portada totalmente en negro anunciando la muerte de Franco. Pasé por la puerta del Ayuntamiento y había una mesa con un mantel púrpura, como los que se ven por Semana Santa, sobre el que se recogían firmas de condolencia. ¡Y yo que creía que ese hombre no moriría nunca!

En el año 1975 yo cursaba aún sexto de primaria y en septiembre empecé COU en el Instituto Cristóbal Monroy, el único que había entonces.

Ese año jugamos un partido de fútbol en el estadio José Bono. Éramos las chicas de sexto contra los chicos de COU. Yo jugué el primer tiempo de portera. Me metían muchos goles porque me quitaba cuando veía venir la pelota…

Yo hice COU nocturno porque mi maestro de literatura, jefe de estudios, me suspendió porque me había enfrentado a él: no quiso cambiarme una T por una C a cuenta de un autor, Tristán Tzara…

Pero luego me alegré de haber hecho COU nocturno porque mis nuevos compañeros estaban trabajando la mayoría, por eso estaban en el nocturno… Aprendí mucho de ellos. Había algunos afiliados a la UGT, otros a Comisiones Obreras y todos eran muy combativos con el franquismo. Ellos me pusieron al día, me abrieron los ojos. También ayudaron mucho los profesores, sobre todo la profesora de historia, que nos hablaba de política, de una Federación de Estados y de las cosas que estaban pasando.

Casi todas las noches aparecían pintadas en las escaleras contra Franco o consignas. Se hablaba en clave, de manera clandestina…

Algunos compañeros han sido dirigentes políticos y sindicalistas más tarde o han ocupado puestos de responsabilidad.

Entonces aproveché para buscar trabajo por la mañana. El primero fue en una empresa que envasaba peros, gracias a mi hermana que habló por mí. Cobraba 30 duros al día. Estuve una semana. Otro trabajo me salió como auxiliar de oficina con un señor que vendía televisores. Mi madre vino conmigo a presentarme. Aquel señor pretendía que le llevara las cuentas y que le hiciera limpieza. A la semana pedí la cuenta.

En este año se casó mi hermana mayor. La boda se celebró con un desayuno en el Lunch Party. Mi hermano y yo tuvimos que venirnos en tren de Granada, donde estábamos de viaje de fin de curso, para poder asistir a la boda.

La zona del Instituto era entonces un descampado y, frente al edificio recién construido, había un olivar.

Donde hoy está la rotonda, había un gran hoyo que se llenaba de agua cada vez que llovía y por el que era difícil transitar, sobre todo las noches en que no había luz. A las once de la noche no había un alma por la calle.

Fue un año especial, como lo fue también nuestra promoción, la del 75-76, que fuimos a Mallorca de viaje de fin de curso y nos vimos en el año 2001 para celebrar con los profesores el XXV aniversario.

Este año habíamos hecho una pequeña huelga al señor director para que nos pusieran calefacción en las aulas.

Recuerdo que cuando entraba, había que ponerse de pie. Aquel día entró el director y nos encontró a todos pegando saltos…
—¿Qué pasa aquí?
—Estamos calentándonos —le contestamos—.

Además de la calefacción, conseguimos un «Aula del alumno» donde nos reuníamos antes o después de las clases y jugábamos al ajedrez. Desde hacía pocos años, las aulas eran mixtas.

Aquel curso de 1975-1976 fue un curso especial. Nos gustaba estudiar y aprender. Estábamos orgullosos de nuestro Instituto.