La pandemia reconfiguró muchas cosas, y entre ellas, la manera en la que entendemos el lugar donde vivimos. Con el auge del teletrabajo y el deseo de encontrar entornos más tranquilos y espaciosos, son muchas las personas que han comenzado a mirar más allá del núcleo urbano. En Sevilla, esa mirada se ha posado sobre zonas periféricas que antes pasaban desapercibidas y que ahora cobran una nueva relevancia.
Más metros cuadrados y calidad de vida
El precio del suelo en el centro de Sevilla y los altos costes por metro cuadrado han empujado a muchas familias a buscar alternativas en el área metropolitana. Pero no se trata solo de una cuestión económica: la necesidad de espacios más amplios, luz natural, jardines o terrazas ha hecho que el extrarradio gane protagonismo en el mapa residencial. En este sentido destaca el papel de realia, una compañía con amplia trayectoria en la gestión y promoción de espacios urbanos. Su actividad se divide en dos grandes áreas: por un lado, el desarrollo y alquiler de edificios de oficinas y centros comerciales; por otro, la gestión urbanística y la promoción de nuevas viviendas adaptadas a las necesidades actuales. Esta visión integral les permite identificar oportunidades en zonas emergentes como Guillena.
Una de sus iniciativas más representativas son los chalet obra nueva sevilla ubicados en este municipio del área metropolitana, donde la combinación de entorno natural, buenos accesos y una oferta habitacional cuidada está atrayendo a perfiles muy diversos: familias jóvenes, trabajadores en remoto o personas que priorizan la calidad de vida sin desconectarse del ritmo urbano.
Viviendas que responden a nuevas formas de vivir
El concepto no es solo levantar viviendas, sino integrar comunidad, movilidad, zonas verdes y sostenibilidad. Se prioriza la eficiencia energética, la integración paisajística y la posibilidad de tener todos los servicios básicos a una distancia cómoda. Así, lo que antes se veía como un irse lejos empieza a entenderse como un vivir mejor.
Guillena como ejemplo de modelo emergente
La zona de Hato Verde, dentro del municipio, es especialmente representativa. Aquí confluyen diversos factores: tranquilidad, vistas al campo, un campo de golf cercano, servicios esenciales y viviendas que se adaptan a distintos perfiles de comprador. Desde parejas jóvenes que buscan su primera vivienda hasta familias consolidadas que desean mejorar su calidad de vida sin romper con sus rutinas laborales o educativas. Esta evolución responde también a una transformación en la forma de planificar. Ya no se trata de ampliar el mapa de forma desordenada, sino de construir pensando en el equilibrio entre crecimiento urbano y respeto por el entorno.
El papel de la gestión responsable en la transformación del territorio
Proyectos como este no serían posibles sin una estrategia inmobiliaria bien planteada. Empresas con experiencia en desarrollo urbanístico y gestión patrimonial han sabido detectar las necesidades del nuevo comprador y adaptarse a ellas con agilidad. Una manera de escuchar a quienes van a habitar estos espacios para ofrecerles algo más que viviendas.
Retos y oportunidades del crecimiento residencial
Este cambio de paradigma no está exento de desafíos. Las infraestructuras deben acompañar el crecimiento, y eso implica una colaboración entre instituciones públicas y agentes privados. Transporte público, acceso a colegios, sanidad y conectividad digital son aspectos esenciales para consolidar estas nuevas zonas como verdaderas alternativas residenciales. No obstante, lo que hace una década podía parecer una apuesta arriesgada, hoy es una oportunidad bien fundamentada. Las familias buscan seguridad, comodidad, y también un entorno que favorezca la salud física y mental. Vivir en entornos menos densos, con aire más limpio y menos ruido, se está convirtiendo en un objetivo realista para muchas personas.
Sevilla más allá del centro
La Sevilla metropolitana está creciendo y lo hace con lógica. Las promociones en lugares como Guillena o Alcalá de Guadaíra muestran que es posible crear una ciudad más policéntrica, donde no todo dependa del centro histórico ni de las rondas de circunvalación. Esta diversificación también tiene un impacto positivo en la economía local, al activar nuevos focos de actividad y atraer inversión. Al final, se trata de redistribuir las oportunidades sin desconectar a las personas de su ciudad.
Un modelo que ha llegado para quedarse
Todo apunta a que esta tendencia no será pasajera. Las próximas generaciones verán con normalidad lo que hoy se perfila como nueva alternativa: viviendas más accesibles, barrios bien planificados y una mejor relación entre el espacio privado y el entorno. Proyectos como los que se desarrollan en Guillena son el reflejo de una Sevilla que evoluciona, que responde al contexto actual y que piensa en el futuro. No se trata de renunciar a la ciudad, sino de extender su pulso vital a nuevos rincones, más humanos, más habitables. Y si es así es por una cuestión lógica, la adquisición de una vivienda es un hecho lo suficientemente importante como para tomarlo a la ligera.
