Los documentos clasificados del intento de golpe de Estado de 1981 ya están disponibles. Hay información procedente del Ministerio de Interior, de la Guardia Civil y de la Policía; del Ministerio de Defensa, procedente del CNI; y del Ministerio de Asuntos Exteriores. De todo lo publicado, se ha conocido que seis miembros de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) del CESID, antecedente del CNI, «participaron activamente» en el intento del golpe de Estado y lo prentendieron encubrir.

Un golpe inesperado

Al rey el golpe le pilló por sorpresa, pues no fue hasta las 18.22 horas de la tarde cuando se enteró de lo sucedido a través de la retransmisión de la Cadena SER. Pocos minutos después, le habría llamado por teléfono el general Armada, quien recibió una respuesta negativa del monarca para sumarse a la intentona golpista. Un escrito elaborado por Inteligencia Militar muestra una advertencia de Juan Carlos I al teniente general Jaime Milans del Bosch, el mismo que sacó los tanques a las calles de Valencia: «Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve está dispuesto a provocar y será responsable de ello, una nueva guerra civil».

Los golpistas del 23F atribuyeron su fracaso a “dejar al Borbón libre” / La Moncloa

Los mandos militares concluyeron que uno de los errores del golpe fue «dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuese un caballero» ya que para ellos el rey iba a seguir adelante «en su intento suicida de tener un gobierno con los socialistas, no pudiendo ser considerado ni como un símbolo a respetar» en ese proceso de transición a la democracia. A las 19.00 horas el general José Juste llama a la Zarzuela para saber si era verdad que la Casa Real apoyaba el golpe. Sabino Fernández, antiguo jefe de la institución, respondió que «en absoluto».

No fue hasta después de una conversación entre el monarca y Milans cuando se decide que Juan Carlos I emita un comunicado en TVE para aclarar su posición. Contactan con la cadena pública sobre las 20.00 horas, momento en el que se percatan de que está ocupada por una unidad militar dirigida por el capitán Martínez Merlo. Dos horas y media después se producen conversaciones con Milans para que retire de forma definitiva las unidades militares que ha sacado a las calles y ordenar a Antonio Tejero, el coronel que había irrumpido a tiros en la Cámara baja a las 18.20 de la tarde, que «deponga su actitud». A las 23.40 acude el general Armada al Congreso de los Diputados para «negociar la entrega» de Tejero.

Conversación entre Carmen Díez, esposa de Antonio Tejero, con Carmen Elvira, su hija / La Moncloa

«La memoria no puede estar bajo llave»

La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, insistió este martes en que «la memoria no puede estar bajo llave y, como escribió Javier Cercas, el pasado no es el pasado, es una dimensión del presente. Y una democracia plena debe tener acceso a esa dimensión». Fue precisamente Cercas, autor de Anatomía de un instante, quien había animado meses atrás al presidente del Ejecutivo para que desclasificara los documentos, insistiendo en la necesidad de «acabar con los bulos y bolas».

Fue este martes cuando el Consejo de Ministros aprobó la liberación de los archivos justo 45 años después del episodio histórico. Saiz señaló que se trata de «saldar una deuda histórica». Son más de 150 unidades de información que ahora pueden ser consultadas en la página web de La Moncloa, con existencia de imágenes pero con ausencia de vídeos y audios. Las conversaciones que existen están transcritas.

El presidente del Gobierno ha pedido a los grupos parlamentarios que este semestre se pueda reformar la Ley de Secretos de 1968, aunque no ha precisado si mientras tanto seguirá desclasificando información. En esta ocasión ha sido a razón de entender que la información del 23F «ya no supone un riesgo para la seguridad del Estado».  Aunque se ha celebrado la publicación por parte de muchos profesionales que llevan años investigando lo sucedido en 1981, otros creen que aún no se sabe toda la verdad y que en su momento «seguramente ya fueron destruidos bastantes documentos». Periodistas e historiadores señalan que la apertura de otros archivos que siguen bajo secreto, como los del franquismo, los GAL o la matanza del 3 de marzo, ayudaría a esclarecer episodios de la historia reciente y a reparar la memoria histórica.