Helicópteros de Estados Unidos atacan Caracas, capital de Venezuela.

La escalada retórica y política impulsada por Donald Trump ha vuelto a colocar a Venezuela en el epicentro de la tensión internacional con una jornada ha estado marcada por explosiones registradas en Caracas y por una afirmación de enorme gravedad realizada por el exmandatario estadounidense, quien aseguró públicamente que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa habrían sido capturados, una versión que no cuenta por el momento con confirmación independiente.

Las detonaciones escuchadas en distintos puntos de la capital venezolana generaron alarma entre la población y reavivaron el temor a un nuevo episodio de desestabilización externa. En este contexto, las declaraciones de Trump han sido interpretadas como una muestra más de su estrategia de confrontación permanente, caracterizada por anuncios unilaterales y un tono beligerante que elude los cauces diplomáticos.

Hasta ahora, no se han aportado pruebas públicas ni verificables que respalden las afirmaciones del expresidente estadounidense sobre la supuesta captura de Maduro y de su esposa. Desde Caracas se subraya que ningún organismo internacional ni fuente independiente ha confirmado dicha versión, mientras crece la preocupación por el impacto que este tipo de mensajes puede tener en la estabilidad regional.

Desde una óptica crítica, la intervención discursiva de Trump se enmarca en una retórica hostil heredada de su etapa en el poder, basada en la presión política, la deslegitimación y el uso del conflicto como herramienta de proyección internacional. Un enfoque que, denuncian sectores progresistas, contribuye a la escalada de tensiones y al deterioro del derecho internacional.

Mientras se aclaran los hechos ocurridos en Caracas y se espera información confirmada sobre la situación política en Venezuela, el foco vuelve a situarse en las consecuencias de una hostilidad política sostenida, que lejos de aportar soluciones, profundiza la inestabilidad internacional.