El Sánchez Pizjuán vivió una tarde de nervios, resistencia y alivio final. El Sevilla firmó un empate 1-1 ante el Girona en un partido que se le puso cuesta arriba desde el inicio y que no encontró premio hasta el último suspiro. El empate sabe a supervivencia para un Sevilla que nunca dejó de creer y a oportunidad perdida para un Girona que rozó el triunfo.
El partido arrancó torcido para el Sevilla. Apenas habían pasado dos minutos cuando Lemar aprovechó un desajuste defensivo para adelantar al Girona y silenciar el Sánchez Pizjuán. El golpe fue duro y condicionó todo el partido, con un Sevilla obligado a remar desde muy pronto.
El Girona se adueñó del balón durante muchos minutos. Con posesiones largas y ritmo controlado, el conjunto catalán llevó el partido a su terreno, mientras el Sevilla sufría para recuperar y salir con claridad. El empate parecía lejano y el Sánchez Pizjuán mostraba inquietud.
Pese a todo, el Sevilla no se descompuso. Encontró algunas llegadas aisladas y sostuvo el partido gracias a Vlachodimos, decisivo para evitar que el Girona ampliara su ventaja antes del descanso. El empate no llegaba, pero el partido seguía abierto.
El Sevilla resiste y el partido se alarga
Tras el paso por vestuarios, el Sevilla dio un paso al frente. Subió líneas, apretó más arriba y empezó a discutirle la posesión al Girona. El partido ganó intensidad y el Sánchez Pizjuán empujó con cada acción ofensiva.
Las ocasiones comenzaron a aparecer. Maupay, Oso y Carmona tuvieron opciones claras, pero la falta de acierto mantenía el empate lejos y alimentaba la frustración. El Girona, por su parte, esperaba su momento para sentenciar el partido al contragolpe.
El duelo entró en una fase de idas y venidas. El Sevilla acumulaba centros y córners, mientras el Girona defendía con orden y buscaba enfriar el partido. El empate seguía sin llegar y el reloj jugaba en contra del Sevilla.
Con el paso de los minutos, el cansancio hizo mella. El partido se volvió más impreciso, pero también más emocional. El Sevilla no encontraba el camino y el Girona comenzaba a creer que el triunfo era posible en el Sánchez Pizjuán.
Un final que salva un punto
Cuando la derrota parecía escrita, llegó el giro final. En el descuento, un error grave de la defensa del Girona permitió a Kike Salas recoger el balón en la frontal y disparar con decisión para firmar el empate. El Sánchez Pizjuán estalló y el partido cambió de signo en un instante.
El empate fue celebrado como un alivio. No era el resultado soñado, pero evitaba una derrota que habría sido muy dolorosa. El Sevilla encontró premio a su insistencia y mantuvo vivo el pulso hasta el último segundo del partido.
El Girona aún dispuso de un córner final, pero el Sevilla resistió. El empate ya estaba sellado y el Sánchez Pizjuán respiraba tras una tarde de tensión constante.
El partido dejó sensaciones encontradas. El Sevilla mostró carácter y fe para rescatar el empate, pero también evidenció fragilidades. El Girona, serio y ordenado, se marchó con la sensación de haber dejado escapar dos puntos. Un empate que resume una tarde intensa en el Sánchez Pizjuán.
