El estadio Ramón Sánchez‑Pizjuán ha sido hoy alma, corazón y casa de un ensayo distinto. Sevilla FC celebró un entrenamiento a puertas abiertas con vistas al derbi ante Real Betis Balompié, y el recinto vibró con una sola voz. Más de 13.000 sevillistas acudieron para arropar al equipo, ofreciendo su energía y su fe antes del gran choque. La “afición” respondió con creces, demostrando que este derbi será algo más que un partido: será nervión palpitando de “pasión”.
La plantilla saltó al césped bajo los acordes del himno del club —un gesto que evocó historia, orgullo y pertenencia—. Desde Preferencia hasta la grada de Gol Norte, las gradas se llenaron mientras los jugadores realizaban rondos y ejercicios tácticos.
Pese a las bajas confirmadas —Rubén Vargas, Gabriel Suazo, Tanguy Nianzou y Adnan Januzaj—, el ambiente infundió convicción en el cuerpo técnico y la plantilla. Este sábado en Nervión, la “afición” sembró esperanza: mañana, el Sevilla saltará al campo con todo un estadio detrás.
El dato impone: 13.427 seguidores se acercaron esta mañana al estadio para presenciar el entrenamiento abierto. No era una simple sesión preparatoria: los jugadores salieron al campo saludando a la grada y el ambiente se volvió solemne al sonar el himno.
La comunión entre equipo y afición se palpó en cada gesto: aplausos, ovaciones y una energía compartida. Ese latido conjunto define al Sevilla en los grandes momentos: nervión convertido en “alma”.
Un himno, una grada y un mensaje claro
El entrenamiento arrancó al son del himno del centenario, un gesto cargado de historia y simbolismo que convirtió el inicio de la sesión en un pequeño ritual de identidad colectiva. Los jugadores, alineados sobre el césped, miraban hacia la grada mientras los acordes resonaban por todo el Sánchez-Pizjuán, y aunque fue un instante breve, transmitió la sensación de que el equipo afronta el derbi con una idea clara: defender su casa con “pasión”, dejar el “alma” en cada envite y responder al impulso de una “afición” cuyo latido se ha convertido casi en una guía emocional.
Mientras avanzaba la sesión, las gradas acompañaban cada gesto con una naturalidad coreografiada. Los rondos, los ejercicios de velocidad, los trabajos tácticos y las transiciones con balón se vieron envueltos por un ambiente que mezclaba confianza y determinación. Esa armonía proyectó la sensación de que el Sevilla llega al derbi sostenido no solo por su preparación deportiva, sino por un intangible que siempre aparece en estos momentos.
Esa atmósfera construyó un mensaje claro: el Sevilla no llega al derbi aislado ni en silencio. Lo hace acompañado por un estadio que hoy fue testigo y mañana será protagonista, un estadio que conoce la liturgia del clásico.
Más allá de cuestiones tácticas o de nombres propios, existe un factor que no se mide en estadísticas: la unión emocional entre grada y plantilla. Mañana, cuando suene el himno, once futbolistas sabrán que no están solos.
Más allá del césped: el derbi como rito de pertenencia
El derbi entre Sevilla y Betis es una ceremonia de identidad donde fútbol e historia se entrelazan. Lo ocurrido en el entrenamiento a puertas abiertas no fue solo una preparación deportiva, sino un acto simbólico donde la ciudad y su equipo se reconocieron mutuamente.
Hoy se encendió una chispa que trasciende el propio fútbol. La presencia de más de 13.000 sevillistas generó un ambiente que no se fabrica ni se ensaya: nace cuando Nervión se convoca para defender su orgullo. El equipo trabajó con intensidad y concentración, como si cada repetición fuera un compromiso silencioso con quienes observaban desde la grada.
Mañana cada pase, cada disputa y cada detalle tendrá un peso simbólico. No será solo un encuentro por tres puntos: será un capítulo más en la narrativa eterna de una ciudad que vive el fútbol como tradición.
