El sevillismo abre una jornada marcada por el dolor tras la pérdida de dos de sus miembros más emblemáticos. En primer lugar, ha fallecido Domingo Muñoz González, socio número 1 del Sevilla FC, a los 95 años de edad. Tan solo un día después, el club comunicó la muerte de Julián Hernández Naranjo, quien había ostentado la condición de socio número dos y por breve instante la de número uno.

Ambos se despedían como miembros de una generación que vivió décadas de afición plena al Sevilla, dejando un legado de fidelidad, compromiso y sentimiento que trasciende el césped.

Desde su alta como abonado, Domingo Muñoz se integró en la historia viva del club. Nacido el 21 de mayo de 1930 en Sevilla, estuvo vinculado al Sevilla FC durante 78 años. Su muerte fue comunicada por el club a través de sus canales oficiales, que lamentaron «profundamente el fallecimiento de nuestro socio número 1, Domingo Muñoz González. Descanse en paz, Fiel de Nervión».

La entidad recordó que Muñoz vivió momentos históricos del club —desde el título de Liga en 1946 hasta las recientes fases europeas— y que su presencia simbolizaba el sevillismo más clásico.

En el mundo de las hermandades, también era figura destacada: hermano número 1 de la cofradía de la Sagrada Lanzada. Su vida, pues, se articuló entre devoción deportiva y compromiso religioso‑social.

Al día siguiente del fallecimiento de Muñoz, el Sevilla FC hizo público que Julián Hernández Naranjo había muerto el 10 de noviembre de 2025 a los 94 años. Había sido socio desde 1942, durante más de siete décadas, y era el abonado número 2 de la entidad nervionense. Tras la muerte de Muñoz, pasó a ostentar simbólicamente el número 1, aunque por poco tiempo.

Entre sus últimas vivencias, destaca que, ingresado y sedado, pudo escuchar desde su habitación del hospital los cánticos del estadio y el himno del centenario del club, mientras desde fuera se veía el coliseo de Nervión.

La hermandad del Cautivo del Tiro de Línea, de la que era hermano número 1, se unió al dolor del sevillismo y recordó su vida de entrega.

Legado compartido y reflexión final

Ambos abonados —Domingo Muñoz y Julián Hernández— compartieron más que un número: la constancia de vida al servicio del club y de la afición. Su fidelidad se convierte en emblema para generaciones de seguidores.

El Sevilla FC, al comunicar sus respectivos fallecimientos, ha mostrado respeto, cercanía y reconocimiento hacia lo que representaban: la memoria viva de la grada.

En momentos así, la palabra clave que resuena es «fidelidad». Fidelidad al club, fidelidad a unos colores, fidelidad al paso del tiempo. Esa fidelidad que ellos representaron durante décadas inspira al sevillismo actual.

Mientras el estadio de Nervión contempla su tercer anillo y el eco de gritos y cánticos recorre sus muros, el recuerdo de estos dos socios perdura. Y el club, sus compañeros y la afición acompañan a sus familias en el dolor, con el convencimiento de que su ejemplo queda inscrito en la historia del Sevilla FC.