Desde el pitido inicial, el Villarreal impuso una tensión que sorprendió al Sevilla. En apenas 17 minutos, Villarreal logró adelantarse gracias a un disparo certero de Oluwaseyi, aprovechando una débiles reacciones defensivas del Sevilla. El gol visitante puso todo cuesta arriba para los hispalenses, obligados a recomponerse tanto anímica como tácticamente.
El Sevilla se rehace: respuesta y esperanza
El equipo local no bajó los brazos. Con continuidad en la posesión y presión alta, Sevilla fue encontrando sus oportunidades. En el minuto 45, Sow igualó el marcador con un buen disparo de volea tras un centro medido, insuflando ilusión a la grada. La tensión remontaba, y muchos pensaban que el gol del triunfo podía llegar antes del descanso.
El Sevilla en inferioridad y final cruel
La segunda parte fue un carrusel emocional. A causa de la lesión de Nianzou, Sevilla quedó con diez jugadores, una circunstancia que Villarreal aprovechó para maniobrar mejor. Las embestidas sevillistas encontraron paredes definidas, pero arriba faltaba claridad. En el minuto final, Solomon clavó el gol que decantó el partido para los visitantes. Fue un golpe psicológico brutal, pues el Sevilla había gozado de suficientes oportunidades para, al menos, sumar un punto.
Factores decisivos
- Defensa demasiado permisiva: Sevilla sufrió en los espacios, dejó transiciones vivas al rival y sin un contundente repliegue.
- La falta de frescura física, acrecentada tras la lesión de Nianzou, minó la capacidad de recuperación y la serenidad en los últimos metros.
- El acierto del Villarreal en instantes concretos: supo elegir momentos de presión, de acelerar, de aprovechar errores.
- El Sevilla dominó en fases largas, tuvo la posesión, generó aproximaciones, pero falló en el remate final: esas oportunidades mal resueltas pesan mucho en partidos tan igualados.
Qué se queda y qué debe cambiar
El Sevilla pierde otra vez en Nervión en un partido que parecía posible de remontar. No fue suficiente querer; faltó precisión, contundencia, empeño defensivo. La tensión acumulada en partidos pasados empieza a pesar más que nunca. Para recuperar la confianza, el Sevilla debe trabajar la fortaleza atrás, la eficacia arriba, y sobre todo, la capacidad para cerrar los partidos cuando se tiene el partido “dentro”.
Esta derrota lo confirma: en LaLiga no bastan las ganas ni el empuje; lo que manda es quien aprovecha sus oportunidades, quien sufre menos errores, y quien anota los goles cuando se abren las puertas. Villarreal lo hizo; Sevilla lo cerca, pero aún no lo logra.
