Marko Dmitrovic, ahora en el Espanyol, ha sido sincero sobre su etapa en el Sevilla: reconoce que la competencia con Yassine Bono fue especialmente dura. El guardameta serbio admite que estaba cabreado por no jugar, ya que Bono «estaba mejor cada semana», lo que le frustraba profundamente. Esa competencia constante marcó su tiempo en Sevilla y potenció su ambición por mejorar. A pesar de ese enfado interno, Dmitrovic admite que aprendió mucho de la experiencia, tanto personal como profesionalmente.
Dmitrovic recalca que —aunque ese rol de segundo portero no era fácil de asumir— representó una oportunidad para crecer. «Estaba cabreado por no jugar, pero no podía; él estaba mejor cada semana y, joder, a mí me frustraba», confiesa con crudeza. Aun así, destaca que siempre tuvo «una relación muy especial, muy estrecha» con Bono, a quien define como «una de las mejores personas que he conocido en el fútbol, un tío muy noble, un portero que se hizo top mundial». Esa convivencia le permitió aprender y valorar aquello que no se ve en el campo.
La competencia en el Sevilla, que le dejó cabreado y con un rol difícil de gestionar, fue fundamental para su desarrollo. Dmitrovic reflexiona con madurez: «Aprendí mucho con él. Sí que me costaba aceptar el segundo rol, porque yo quería jugar todos los partidos pero, joder, te digo ahora que estaba por delante y era imposible jugar». Esa lección le hace ver con gratitud su etapa en Sevilla, donde la presión y la competencia forjaron su carácter profesional.
