La celebración de uno de los tantos del Real Betis contra el Feyenoord. - Samuel Grove

En una noche vibrante en La Cartuja, el Real Betis venció por 2–1 al Feyenoord en un duelo que confirmó la capacidad de reacción verdiblanca y que dejó una mezcla de emoción, análisis táctico y drama.  La Europa League fue el telón de fondo perfecto para un Betis que, desde el pitido inicial, impuso ritmo y determinación. La posibilidad de clasificarse directamente para los octavos de final pesaba como una losa, pero también como motor. Con mayor posesión y claridad en el último tercio, los verdiblancos dieron señales de ambición desde los primeros minutos. 

El primer gol fue una especie de liberación. Antony, con un disparo desde fuera del área, perforó la resistencia neerlandesa y encendió la grada. La calidad individual marcó diferencias, y ese tanto se sintió como una declaración de intenciones. Minutos después, Abde Ezzalzouli amplió la ventaja con un tanto que amplió aún más la ventaja para los locales. 

Pero el Feyenoord no se resignó. Con un estilo más directo y transiciones rápidas, los visitantes consiguieron reducir distancias a mediados de la segunda mitad. Ese tanto puso en cuestión el control que había tenido el Betis y elevó el nivel de exigencia para ambos conjuntos, especialmente cuando la Europa League pasa factura en espacios reducidos. 

Desde el punto de vista táctico, Pellegrini volvió a demostrar su capacidad para preparar partidos importantes. El Betis supo alternar posesión con verticalidad, y la solidez defensiva resistió el arreón final del Feyenoord. El rival neerlandés, por su parte, mostró debilidades en salida y una dependencia de momentos aislados para generar peligro. 

Sin embargo, el análisis no puede ser completo sin mencionar el componente emocional de la noche. El joven jugador del Feyenoord, Shaqueel Van Persie, sufrió una grave lesión durante el encuentro, un episodio que añadió una capa de drama y humanidad al partido. El suceso dejó un ambiente agridulce pese al triunfo bético.

Al final, el resultado no solo valió tres puntos, sino que confirmó la cuarta plaza en la fase de grupos y la clasificación directa a la siguiente ronda para el Betis, un logro que confirma la ambición europea del club sevillano. En contraste, el Feyenoord ve esfumarse sus opciones de avanzar en una campaña que comenzó con esperanzas. 

En resumen, fue una noche para el recuerdo: un Betis que supo imponerse con calidad, un Feyenoord combativo hasta el final, emociones encontradas y una sensación de que la Europa League puede ser, para los verdiblancos, un camino repleto de desafíos pero ilusionante.