El Real Betis ha actualizado de forma oficial el coste estimado del proyecto de remodelación integral del estadio Benito Villamarín, situándolo en torno a los 160 millones de euros. Esta cifra contrasta con las previsiones iniciales de 2023, que situaban la obra en un presupuesto aproximado de 70 millones. El incremento marca un punto de inflexión en la planificación.

El club verdiblanco sostiene que el aumento responde a factores acumulados durante los últimos dos años, especialmente ligados a la evolución del mercado y a la ampliación del propio proyecto. El coste de materiales, ajustes estructurales y nuevas exigencias técnicas han elevado notablemente el montante final. La transformación del estadio se ha convertido así en una intervención de mayor complejidad.

Este aumento del 129% en un periodo tan reducido obliga a una revisión estratégica del presupuesto y de las fases de la obra. Las dimensiones actuales del proyecto superan ampliamente la propuesta original, contemplando elementos y servicios que no estaban presentes en las estimaciones iniciales. El cambio evidencia la necesidad de adaptar el plan económico del club.

A pesar del desafío financiero, la entidad mantiene su compromiso con la remodelación del estadio como un paso clave para su desarrollo institucional. El Real Betis considera que, aun con un coste más elevado, el proyecto consolidará un recinto más competitivo, moderno y alineado con las demandas del fútbol contemporáneo.

Factores que explican el aumento del coste

El crecimiento del coste del proyecto responde a un conjunto de circunstancias que han afectado al sector de la construcción. La inflación en materias primas, el encarecimiento energético y la presión sobre la cadena de suministros han tenido un impacto directo en la obra. Estos elementos han obligado a recalcular el presupuesto previsto.

Asimismo, la evolución del diseño arquitectónico ha ampliado el alcance inicial. El club decidió introducir mejoras significativas en la estructura del estadio, ampliando capacidades, redefiniendo accesos y optimizando la experiencia del público. Cada una de estas decisiones ha elevado progresivamente el coste del proyecto.

El Real Betis también ha tenido que adaptarse a nuevas normativas y estándares técnicos. La incorporación de sistemas de seguridad, eficiencia energética y sostenibilidad ha supuesto una inversión añadida. Estas exigencias elevan la complejidad de la obra y condicionan el presupuesto final.

En conjunto, la suma de estos factores explica por qué el coste actual duplica y supera holgadamente las previsiones de 2023. El club defiende que la actualización es coherente con la realidad del mercado y con la dimensión que el proyecto ha adquirido durante su fase de desarrollo.

Un proyecto más ambicioso de lo previsto

La remodelación del Benito Villamarín ha dejado de ser únicamente una intervención estructural para convertirse en un proyecto estratégico. El nuevo estadio incluirá espacios comerciales, zonas de restauración, nuevas áreas de hospitalidad y mejoras tecnológicas. Estos elementos aumentan el valor del recinto, pero también el coste general de la obra.

El diseño actualizado contempla un uso multifuncional del estadio, lo que implica una mayor exigencia arquitectónica. La apuesta por instalaciones modernas y polivalentes se refleja en el presupuesto, que recoge inversiones destinadas a optimizar el recinto más allá de la actividad deportiva. Esta ampliación de miras ha sido clave en el incremento económico.

El Betis busca que el nuevo estadio se convierta en un icono de referencia dentro del panorama nacional. Para ello, el proyecto ha incorporado mejoras estructurales destinadas a situarlo al nivel de los grandes recintos europeos. Esto incluye materiales de mayor calidad y soluciones tecnológicas avanzadas, que elevan el coste final.

En consecuencia, el club considera que la inversión, aunque elevada, responde a una visión a largo plazo. La magnitud del proyecto redefine el papel del Benito Villamarín en la actividad social, económica y deportiva del Betis, consolidándolo como un activo clave para su futuro.

Repercusiones en el calendario y en la planificación

El notable incremento del presupuesto puede influir directamente en los tiempos de ejecución de la obra. Aunque el club mantiene su intención de avanzar sin retrasos significativos, el ajuste económico podría requerir una reorganización de fases para garantizar la viabilidad del proyecto. La prioridad es asegurar que el estadio cumpla con los estándares previstos.

La dirección verdiblanca trabaja en optimizar recursos para que la planificación no se vea afectada de manera sustancial. Esto implica una revisión constante de proveedores, contratos y ritmos de ejecución. El coste final obliga a un control más exhaustivo del proyecto y sus partidas.

Pese a las dificultades, la obra continúa bajo la premisa de mantener la calidad y los objetivos técnicos definidos desde el inicio. El Betis insiste en que el nuevo estadio será una infraestructura de referencia en el ámbito nacional, justificando el incremento del presupuesto frente al beneficio futuro.

El club confía en que, una vez completado, el proyecto permita ampliar ingresos, dinamizar el entorno urbano y reforzar el posicionamiento institucional. La inversión, aunque superior a lo previsto, se entiende como un paso estratégico para consolidar un estadio adaptado a las exigencias del siglo XXI.