Sevilla deja luces y sombras en la novena del COAC con «Sociedad limitada» y «El vecindario».

La novena sesión de preliminares del COAC 2026 contó con doble presencia sevillana en el Gran Teatro Falla. Por un lado, la esperada aparición de la comparsa de Morón de la Frontera, «Sociedad limitada», con la autoría musical de David Márquez Mateos «Carapapa»; por otro, el regreso de la comparsa DX, con «El vecindario», una propuesta con trasfondo social y estético muy marcado.

«Sociedad limitada»: la marca Carapapa, pero sin rumbo claro

Con una estética reconocible y un mensaje que pretendía romper clichés sobre la forma de ser andaluza, «Sociedad limitada» llegó con un tipo reivindicativo y una apuesta que, sin embargo, no logró del todo consolidarse. Pese al empuje mediático de contar con Carapapa en la música, la comparsa de Morón no terminó de encontrar el equilibrio entre lo que quería decir y cómo lo decía.

Los pasodobles, con firma inconfundible del autor gaditano, dejaron momentos de fuerza melódica, pero también cierta sensación de déjà vu. La elección temática —con referencias a figuras como Jordi Turull o el alcalde de Badalona— buscaba impacto, aunque el tratamiento cayó a veces en el efectismo. El repertorio se fue diluyendo entre giros ya conocidos y una ejecución vocal con altibajos, donde algunos excesos interpretativos restaron limpieza al conjunto.

El popurrí, por su parte, se volvió reiterativo en la idea de la «limitación» andaluza, sin alcanzar el clímax deseado. Hubo ingenio en algunos cuplés —especialmente el que ironizaba sobre el coste de tener música del Carapapa—, pero el conjunto general quedó por debajo de lo esperado para una comparsa con esta carta de presentación.

«El vecindario»: una historia diferente, pero sin rematar

Por su parte, «El vecindario», la nueva propuesta de la comparsa DX, apostó por una alegoría circense en la piel de payasos marginados, con un guiño directo a la figura de Dumbo como símbolo de exclusión. La idea, valiente y bien intencionada, logró destacar por salirse del molde habitual, pero se encontró con dificultades en su desarrollo.

La presentación dejaba clara la intención: hablar del bullying, de lo diferente, de lo que no encaja. Pero a medida que avanzaba el repertorio, la línea argumental se dispersaba. El segundo pasodoble, que abordaba el acoso a través de personajes del circo, resultó algo confuso. En lo musical, la obra presentó una melodía inestable y una estructura que dificultó la conexión con el público.

Los cuplés tampoco ayudaron a reforzar la idea general. Uno de ellos, que jugaba con el lenguaje de signos y el personaje de Dumbo, quedó fuera de tono. El segundo, más convencional, no dejó huella. El popurrí, si bien contaba con tramos creativos, no logró sostener el peso simbólico de la historia que querían contar.

En resumen, las dos comparsas sevillanas de la noche demostraron compromiso y esfuerzo, pero también dejaron claro que en un concurso tan exigente como el COAC, no basta con tener una buena idea o un nombre potente detrás. «Sociedad limitada» no supo canalizar el empuje de su autor musical hacia una propuesta coherente, mientras que «El vecindario» apostó por lo distinto sin terminar de cerrarlo del todo. Dos estilos, dos discursos, y un mismo reto: conquistar al Falla más allá de la intención.