El Festival de Cine Europeo de Sevilla abrió su 22ª edición con el Giraldillo de Honor para Alberto Rodríguez, quien asumió el reconocimiento como un premio colectivo a los profesionales que arrancaron en los noventa en un contexto precario. «Me tomo este galardón como un premio a toda una generación… Se está personificando en mí, me siento tan bien tratado que incluso me parece desproporcionado, pero lo recibo con mucho cariño, porque en el fondo es para un colectivo de cineastas… que empezamos a hacer cine en los noventa y en un panorama bastante desolador», afirmó en la inauguración.
Rodríguez evocó aquellos inicios con Santi Amodeo, cuando ya en la facultad rodaban cortos —«estos cortos no están subvencionados por la Junta de Andalucía», recordaba el rótulo de apertura— y aquel «magma» de la Generación Cinexin, «gente con muchas ganas, mucha unión y muy poco dinero». De esa osadía nacieron el corto ‘Bancos’ (1999) y, un año después, su primer largo, ‘El factor Pilgrim’, realizado «con escasos medios» y distinguido con Mención Especial en San Sebastián.
La consolidación llegó con ‘El traje’ (2002) y, sobre todo, con ‘7 vírgenes’, ambientada en barrios sevillanos, que supuso la Concha de Plata para Juan José Ballesta y el lanzamiento de Jesús Carroza, Goya a mejor actor revelación con 15 años. «Lo que prima en un buen actor es la voluntad de querer contar y escuchar, y la intuición. Jesús Carroza es el actor más intuitivo que he conocido nunca», subrayó, aludiendo a una película atravesada por referencias literarias: «Con ‘7 vírgenes’ volvimos a leer Peter Pan, porque creíamos que casaba mucho con la historia».
El director reivindicó, además, un mayor compromiso con la financiación cultural: «El sector necesita más ayudas. Sin financiación, ni el mejor guion llega a rodarse. Ojalá los políticos asuman que la cultura no puede seguir siendo el extra silencioso del presupuesto».
Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje al productor José Antonio Félez: «Él confió en nosotros, nos dio el empujón que necesitábamos. Sin él, no estaríamos aquí ni yo ni vosotros». Bajo su ala también dieron sus primeros pasos Achero Mañas o Daniel Sánchez Arévalo, presente en esta edición.
Tras su radiografía generacional en ‘After’, la madurez autoral de Rodríguez se afianzó con ‘Grupo 7’ (2012), thriller situado en la Sevilla previa a la Expo ’92, y alcanzó su consagración con ‘La isla mínima’, «nacida de una exposición fotográfica», que obtuvo diez Premios Goya.
Con el Giraldillo de Honor, el SEFF reconoce una trayectoria que ha dotado al cine español de una voz propia, forjada entre la crudeza de los márgenes y la ambición formal, y que hoy vuelve a encender el foco sobre una generación que convirtió la carencia en impulso creativo.
