El 17 de mayo de 2015, el Cristo de la Expiración —más conocido como el Cachorro— vivió un momento histórico al procesionar por las calles de Roma. La imagen, una de las más veneradas de Sevilla, fue protagonista en la Gran Procesión del Jubileo de las Cofradías, junto a la Virgen de la Esperanza de Málaga. Esta cita supuso una de las pocas veces en que una imagen tan representativa del arte y la devoción andaluza salía de su entorno natural para mostrarse en un escenario tan simbólico como la capital italiana.
Desde primera hora del día, el barrio romano del Monte Celio fue testigo de una escena inusual: costaleros, nazarenos y devotos llegados desde Andalucía tomaban las calles y llenaban bares y terrazas, creando un ambiente que recordaba más a un Viernes Santo sevillano que a un día cualquiera en Roma. El Cachorro aguardaba su salida en una carpa especialmente habilitada, en un espacio reservado para él y la Virgen malagueña, considerados los grandes protagonistas de la jornada.
El ambiente en el entorno del Coliseo creció conforme se acercaba la salida del cortejo. La procesión, aunque poco concurrida por romanos, atrajo a numerosos andaluces y turistas curiosos. Las marchas procesionales, el paso solemne y la impresionante talla del Cachorro ofrecieron una estampa inolvidable, aunque deslucida por un vallado que alejaba al público de las imágenes, rompiendo con el espíritu de cercanía propio de la religiosidad popular.
La imagen sevillana aportó elegancia y sobriedad a un desfile marcado por la diversidad de estilos y procedencias. Su paso, acompañado de marchas clásicas, destacó en medio de un recorrido que, en algunos tramos, pareció más una exhibición que una manifestación viva de fe. La lluvia, habitual compañera de las cofradías, hizo también acto de presencia, acelerando el final de la procesión y obligando a improvisar en la organización del cortejo.
En un tramo final cargado de simbolismo, el Cachorro atravesó la explanada del Circo Máximo bajo la lluvia y con los sones de Amarguras, en uno de los momentos más sobrecogedores de la jornada. Pese a la distancia impuesta por las vallas, la presencia del crucificado sevillano enmarcado por el Coliseo iluminado dejó una imagen imborrable para quienes pudieron presenciarla.












