La Madrugá del 21 de abril del año 2000, la noche más emblemática de la Semana Santa de Sevilla quedó marcada por el pánico y el caos. Las «carreritas» sembraron el pánico en pleno centro histórico, dejando una cicatriz aún presente en la memoria colectiva.

Una noche que cambió la Madrugá

A las 5:15 de la madrugada del Viernes Santo del año 2000, cuando las seis hermandades de la Madrugá —El Silencio, Jesús del Gran Poder, El Calvario, La Macarena, Esperanza de Triana y Los Gitanos— estaban en la calle, se desató el caos. En diferentes puntos del centro histórico de Sevilla se produjeron estampidas masivas de personas corriendo despavoridas, lo que se conoció desde entonces como las «carreritas».

En cuestión de segundos, el clima de recogimiento y solemnidad dio paso al pánico. Se produjeron avalanchas en calles como Alfonso XII, Campana, calle Feria o Plaza del Salvador, con más de un centenar de heridos leves, sobre todo por caídas, golpes y contusiones. No hubo víctimas mortales, pero el impacto emocional fue tremendo.

¿Qué provocó las «carreritas»?

A día de hoy, no existe una versión oficial cerrada sobre lo que provocó el caos. Las investigaciones que se abrieron en su momento no identificaron una causa única, aunque sí se manejaron varias hipótesis:

  • Grupos organizados: algunos testigos y medios apuntaron a la existencia de individuos que habrían provocado el pánico de forma intencionada, corriendo, gritando o simulando amenazas.
  • Ruidos inesperados: se habló de petardos o explosiones que, en una noche tan sensible, pudieron generar una reacción en cadena.
  • Efecto dominó: otras voces sostienen que todo fue fruto de la psicosis colectiva, donde un pequeño incidente provocó una huida descontrolada que fue replicada en varios puntos.
  • También se llegó a mencionar la posible presencia de un hombre con un cuchillo en la zona de El Salvador, aunque este dato nunca se confirmó oficialmente ni se relacionó con el origen de las avalanchas.

Las hermandades, entre el desconcierto y el temple

La mayoría de las cofradías continuaron sus estaciones de penitencia, pero no sin dificultad. El paso de la Virgen de la Esperanza Macarena quedó rodeado de tumultos en la calle Feria, y muchas cuadrillas tuvieron que detenerse o acelerar el paso para evitar aglomeraciones peligrosas.

El comportamiento de los capataces, costaleros y nazarenos fue clave para evitar una tragedia mayor. Varias hermandades frenaron el avance de los pasos o crearon corredores de evacuación espontáneos para permitir que la gente huyera. A pesar del caos, no se suspendió la jornada y la madrugada pudo concluir con relativa normalidad.

Un antes y un después en la seguridad

Las «carreritas» supusieron un punto de inflexión en la organización de la Semana Santa sevillana. A raíz de estos hechos, se puso en marcha el Centro de Coordinación Operativa (CECOP), un dispositivo que hoy es fundamental en la planificación y gestión de emergencias en eventos multitudinarios.

Aun así, se han vivido episodios similares, aunque menores, en 2009, 2015 y 2017, donde también se registraron escenas de pánico. En todos los casos, la respuesta fue más eficaz, gracias a los protocolos desarrollados tras el año 2000.

Este 2025 se cumplen 25 años de aquella Madrugá que cambió para siempre la forma de entender la seguridad en la Semana Santa de Sevilla. Muchos sevillanos aún recuerdan con angustia aquel instante en que el recogimiento dio paso al miedo.